4 falsos mitos sobre las escuelas alternativas.

Las escuelas de pedagogías innovadoras, también llamadas escuelas libres, activas, vivas o alternativas son todavía poco conocidas, nosotros llevamos como 4 años buscando información sobre ellas, leyendo todo lo que caía en mis manos, visitando todas las que hemos podido y desde hace un año disfrutando de una. Salirse de la zona de comfort no es fácil, surgen dudas y reconozco que da vértigo, pero después de un año de VIVIRLO, os puedo decir que no podemos estar más contentos y que ojalá hubiéramos tenido la oportunidad de haberlo hecho antes.

Hace unas semanas, cuando estaba terminando el curso, fuimos a una reunión del cole en la que la directora hablaba de algunos de los FALSOS MITOS sobre este tipo de escuelas. Me pareció fantástico el resumen porque algunos de ellos nos rondaban a nosotros en la cabeza a principio de curso, y con el transcurso del mismo hemos llegado a las mismas conclusiones. Basándonos en nuestra experiencia os comparto 4 de ellos que creo se pueden aplicar a muchas de estas escuelas:

1. Los niños “viven en una burbuja”.

Esta era nuestra principal inquietud a principio de curso, nosotros no queríamos que nuestros hijos estuvieran aislados del mundo y de la realidad, por supuesto de la realidad de unos niños de 3 y 5 años, y hemos podido comprobar que no ha sido así. En el nuevo cole los niños también pegan, insultan y dicen palabrotas, se pelean y hacen daño, como en todos los colegios del mundo, la diferencia está en el acompañamiento. Lo que nosotros hemos vivido es que en las escuelas tradicionales hay un déficit de acompañamiento en estas situaciones, por mucho amor e interés que ponga un profesor, con ratios de 20-30 niños por docente es IMPOSIBLE atender estos aspectos, básicos siempre, pero especialmente con estas edades.

2. No hay violencia en este tipo de escuelas.

Este punto tiene mucho que ver con el anterior. Os diré que si hay violencia entre los peques en estos colegios, como en todos, claro que la hay. Pero de nuevo los ratios profesor/alumno permiten hacer un seguimiento muy de cerca, se actúa rápido y la actitud consiste en NO PERMITIR, hablar, explicar y ofrecer alternativas al niño que siente un malestar y lo ha expresado de forma violenta.

3. Serán adultos equilibrados emocionalmente.

Para empezar, yo no entiendo muy bien que es ser equilibrado emocionalmente, quiero decir que no creo que haya un consenso general para ello. Además como ya he comentado, los niños y niñas que asisten a estas escuelas no viven en una burbuja, tienen vida, amistades, familia y experiencias fuera de la escuela. Así que el equilibrio, sea lo que sea, no está asegurado. Lo que si es verdad es que se le da mucha importancia a lo emocional y se trata de ofrecer herramientas al respecto que les puedan ser útiles.

4. Tendrán el mismo nivel académico que en una escuela tradicional.

Es imposible asegurar esto, porque además cada niño tiene un nivel y unas inquietudes. Lo que si es verdad es que la cantidad de materia que se preparan es menor, no dedican tanto tiempo a la adquisición de conocimientos como tal, sino que todo está englobado en un contexto, y el conocimiento parte de una emoción. Ahora bien, efectivamente en las escuelas tradicionales tratarán más temas y materias, pero ¿Cuántas de ellas serán aprendidas, recordadas y asimiladas?

Espero que este post os haya sido de ayuda, criar distinto es MUY DIFÍCIL en un sistema tradicional, se puede hacer con mucho esfuerzo y viviendo una auténtica CONTRADICCIÓN entre lo que los niños y niñas ven el el cole y lo que ven en casa. Cuando decidimos salirnos del sistema, además de dudas sobre lo nuevo y desconocido, yo no sabía si nos estábamos convirtiendo en “COBARDES O VALIENTES” …….. quizá suene un poco dramático, pero así es como me sentía al abandonar un sistema por el que estaba luchando, intentando que fuera más amable y respetuoso. Ahora ya os puedo decir que no nos hemos convertido en ninguna de las dos cosas, que lo único que nos ha pasado es que somos un poquito más LIBRES.

¿Qué dudas tienes sobre este tipo de escuelas?

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Dos años de aprendizaje.

-Mamá, de este cole llego muy cansada a casa.

-Ajam, ¿Y en el otro no te cansabas?

-Pues, a ver …. en este cole se me cansa el cuerpo, y en el otro se me cansaba mucho la cabeza. ¿Lo entiendes?

-Si amor, lo entiendo.

¡Cómo no voy a entenderlo! Si llevábamos dos años observando como te marchitabas. Y a pesar de todo hemos conseguido que te mantuvieras alegre, inocente, curiosa, generosa, feliz, segura y amada. Pero sólo eso, manteniéndote, con mucho esfuerzo, estando muy atentos y preocupados. Eso que te “cansaba la cabeza” era ESTRÉS, y en esas condiciones no hay quien se despliegue, sólo nos quedaba “sobrevivir” y esperar que nuestra semilla de luz y amor quedara en ti.

Pero hija, no han sido sólo dos años de preocupación lo que hemos vivido en el antiguo cole, también aprendimos muchas cosas:

Tan sólo tenías 3 años cuando tuvimos que explicarte que no estaba bien que tu profe rompiera dibujos o trabajos, porque no estaban como a ella le parecía que debían estar.

Que todos lloramos lo que necesitamos y que si te quedabas llorando en el cole papá y mamá no nos íbamos muy tristes al trabajo, eso no debía preocuparte porque somos adultos y sabemos relativizar. Que en casa no lloramos solitos apartados en una silla, que nos consolamos, ayudamos y que nunca vamos a prohibir a nadie que acuda en ayuda de un amigo.

Muy pronto tuvimos que explicarte también lo que es un chantaje, que podías llorar todo lo que necesitaras y que igualmente ibas a ir a la excursión, aunque tu profe te dijera lo contrario. Y que la maqueta de dinosaurio que tenías en clase no te vigilaba para que te portaras bien, no tenías que asustarte de una maqueta, ni hacer las cosas de forma correcta por miedo.

Aprendiste un poquito lo que era la ironía, te hizo mucha gracia el día que me dijiste que en clase tenías que hablar con la boca, porque la profe os regañaba y decía que hablar con la cabeza sólo lo hacían los burros, entonces te contesté que tu profe debía tener muchos burros en su familia para saber eso tan bien. Primero me miraste con cara de pilla y luego te partías de la risa.

Tenías tan sólo 4 añitos cuando aprendiste que beber agua cuando tu cuerpo lo necesita no es que te sirvan agua en un vaso después del patio (sólo si ese días has llevado vaso). Tú solita aprendiste lo que es la burla, no te lo enseñó un compañero, sino tu profesora, cuidadora y adulta de referencia cuando un día alguien olvidó el vaso y la profe dijo en alto en clase “todos podéis beber del vaso, menos tú que puedes ir al baño a beber como un perrito”, con ese tonito que rápido registraste.

Así que también aprendiste lo que es tener mala leche, hacer las cosas a mala leche y lo llamaste “no tener buen corazón” porque cuando algún compañero se atrevía a confesar que se le había pasado recoger algo, la profe lo cogía y se lo tiraba al suelo para que lo recogiera de nuevo.

También aprendiste que ir al baño cuando lo necesitas no es levantar la mano, esperar a que te atiendan, y si no te atienden hacérselo encima, como le pasaba a tus amigos porque les daba miedo levantarse sin permiso. O que un niño de 4 años no se hace caca encima “APOSTA” como le dijo tu profe a un amigo delante de todos, entre “QUEAAASCO” y “QUEAAASCO”.

En fin hija, entre todo esto, lo que no nos hayamos enterado y lo que nos reservamos, como verás no han sido dos años en balde, muy estresantes para todos pero no en balde. Nosotros también teníamos las cabezas muy cansadas como tú, y aunque ya estábamos inmersos en esta forma nuestra de criar y acompañar, estos dos años nos han precipitado el aprendizaje a todos. Ahora estoy muy contenta porque esta desagradable experiencia nos ha hecho crecer como personas, porque hemos aprendido que cuando algo no te gusta hay que hacer todo lo posible para cambiarlo y sobre todo porque estamos viendo que esa semilla de luz y amor sigue intacta y ahora en continuo crecimiento. Te quiero mucho mi niña.

**Por cierto, si has leído hasta aquí, te parece interesante lo que escribo, piensas que hay otra forma más humana, amable y respetuosa de acompañar a nuestros hijos, esto que cuento es sólo un trocito de nuestra experiencia personal en el CEIP Teresa Berganza de Boadilla del Monte, donde hay profesores estupendos que hacen lo que pueden con la precariedad de medios de que disponen. Pero también puedes tener tan mala suerte como nosotros y tener que sufrir una profesora autoritaria y “con mal corazón” durante los tres años que dura la etapa infantil. Cuando estuvimos en el CEIP Teresa Berganza de Boadilla del Monte hicimos todo lo que pudimos para que no fuera así, para que todo fuera más amable, nos reunimos con profesora, coordinadora y dirección en más de una ocasión sin suficientes mejoras, así que como nuestros hijos crecían y no podían esperar el cambio, decidimos irnos. Escribo este post para que si estás en una situación parecida, intentando criar de forma respetuosa, buscando colegio por la zona, al menos tengas esta información. **

 

¿Harás huelga feminista el 8M?

Hubo un tiempo en que yo vivía en los mundos de Yupi: licenciada, con un trabajo “bien” remunerado, pareja, casa, coche e independencia. Entonces pensaba que aquello del feminismo era algo del pasado, y que yo no era feminista, sino que creía en la igualdad. Entonces me quedé en el paro y perdí la cuenta de las veces que me preguntaron en las entrevistas de trabajo si pensaba tener hijos, y ese fue mi primer golpe de realidad respecto a las injusticias que podemos llegar a sufrir las mujeres simplemente por ser.

Después, hace casi 6 años fui madre por primera vez, y aunque al principio no sabía ponerle nombre a esa forma de criar nuestra, ya estaba inmersa en la senda de la crianza con apego, consciente y respetuosa. Entonces me declaré ANTIfeminista, porque me daban ganas de vomitar cada vez que alguna feminista cargaba contra madres que elegían quedarse en casa a criar a sus hijos o criticaban a madres que daban el pecho porque lo que había que hacer era quitarle el pecho al bebé para que el padre pudiera darle biberones en pro de la “igualdad” y así la mamá pudiera incorporarse al mundo laboral lo antes posible. No me entraba ni me entra en la cabeza que para ser feministas tuviéramos que deshumanizarnos de esa manera, olvidarnos de nuestra naturaleza y de nuestro instinto y sobre todo dejar de lado las necesidades de nuestras crías. Y además me horrorizaba y sigue horrorizando que para ser feministas tengamos que dejar de ser mujeres y convertirnos en máquinas de producir al servicio del sistema, que lo que no quiere son personas íntegras, ni capaces ni libres, ni conscientes, simplemente productivas. Perdí también la fe en las mujeres, lo que percibía en aquel momento era que la crianza se había convertido en una competición, en un cúmulo de mentiras, apariencias, críticas y juicios de unas sobre otras, en mujeres solas aparentando ser las mismas de siempre, cargando con todo, con los niños, con las casas y con sus vidas “intactas” tras sus maternidades, negando sus sentimientos y los de sus crías. Y me sentía muy sola.

Entonces me lancé al mundo virtual y encontré mujeres y madres con mis mismas inquietudes, mujeres conscientes y orgullosas de su naturaleza, mujeres ayudando a mujeres en su estilo de crianza fuera el que fuera, mujeres empáticas, atentas, instintivas, cuidadoras y sabias. También encontré mi tribu no virtual de mujeres poderosas, tan distintas todas pero con el objetivo común de mejorar el mundo a través de la educación, el amor y el respeto a nuestros hijos.

Y así fue como recuperé el orgullo de ser mujer y me abracé de nuevo al feminismo y me reconozco feminista hasta el último poro de mi piel. Aunque en algún momento me he podido sentir poco representada por este movimiento, somos tantas y tan diversas que es muy difícil que coincidamos en todo, y gente desagradable hay en todas partes y en todos los colectivos. Pero en lo básico, en nuestros derechos y libertades estamos todas de acuerdo. He leído el manifiesto feminista del 8M, han conseguido un manifiesto actual con mucha fuerza y que engloba muchas realidades feministas, no sólo las de las trabajadoras, y problemas que sufrimos todas, os dejo un extracto de las reivindicaciones:

  • “Exigimos también la despatologización de nuestras vidas, nuestras emociones, nuestras circunstancias: la medicalización responde a intereses de grandes empresas, no a nuestra salud. ¡Basta de considerar nuestros procesos de vida como enfermedades!”
  • “Exigimos ser protagonistas de nuestras vidas, de nuestra salud y de nuestros cuerpos, sin ningún tipo de presión estética. Nuestros cuerpos no son mercadería ni objeto, y por eso, también hacemos huelga de consumo. ¡Basta ya de ser utilizadas como reclamo!”
  • “La educación es la etapa principal en la que construimos nuestras identidades sexuales y de género y por ello las estudiantes, las maestras, la comunidad educativa y todo el movimiento feminista exigimos nuestro derecho a una educación pública, laica y feminista. Libre de valores heteropatriarcales desde los primeros tramos educativos, en los que las profesoras somos mayoría, hasta la universidad. Reivindicamos también nuestro derecho a una formación afectivo-sexual que nos enseñe en la diversidad, sin miedos, sin complejos, sin reducirnos a meros objetos y que no permita una sola agresión machista ni LGTBIfóbica en las aulas.”
  • “Pedimos la cotitularidad de las pensiones y que el tiempo dedicado a tareas de cuidado, o que hemos desarrollado en el campo, sea reconocido en el cálculo de las pensiones al igual que el trabajo laboral y luchamos  por  la ratificación del convenio 189 de la OIT que regula el trabajo doméstico.”

Además esta huelga no es sólo para nosotras que vivimos en el “privilegiado” primer mundo, la vida es terriblemente dura para las mujeres en otras culturas y todo este movimiento va también por ellas.

¿Voy a hacer huelga feminista el 8M?

Si, seguro que si, en la medida de mis posibilidades haré huelga el 8M para dar visibilidad al movimiento feminista. No faltaré al trabajo, pero haré huelga de consumo y huelga de cuidados y hablaré de todo esto en casa con mis hijos.  Seguiré esforzándome cada día para ofrecer a mis hijos una educación feminista que mejore las cosas en el futuro, y seguiré con la lucha diaria de la corresponsabilidad en el hogar y cuidados de la familia. Además de poner mi granito de arena con este post.

¿Y tú qué vas a hacer?

TBL: Como fomentar el pensamiento crítico o creativo. Versión subjetiva.

Hace unos meses mi amiga Cristina Albarrán os escribía en el blog sobre una charla a la que asistió sobre el TBL (Thinking Based Learning) impartida por el Dr. Robert Swartz en el colegio CEU de Montepríncipe (Boadilla). En aquel post exponía la versión objetiva de la charla, y ahora os dejo la versión subjetiva, con sus impresiones personales. Un lujazo, disfrutadlo!:

Aquí escribo de nuevo pero esta vez quiero dar la versión más subjetiva de la charla, de la sensación personal que me dejó el entorno y cómo sentí el modo de plantear la educación por parte de CEU y de la sensación general de que las cosas van a ir cambiando porque muchos profesionales y muchas familias quieren que vayan cambiando, ¿Hacia dónde y cómo es lo que hay que tratar con mimo y ojalá se pueda lograr un consenso entre todos que suponga una mejora para nuestros peques?

Personalmente empecé con una actitud bastante crítica porque ya sólo el título de la charla me hizo dudar que se ajustara a mi experiencia, a la forma en la que veo la infancia, la crianza y la educación de los peques (os recuerdo el título ¿Cómo trabajar las destrezas del pensamiento en casa? La importancia de enseñar a pensar desde edades tempranas). Me chocaba el hecho de “enseñar a pensar” pero conseguí abstraerme de mis prejuicios y comencé a escuchar la presentación que dieron al Dr. Robert Swartz que es mentor del CEU Monteprincipe para implantar el TBL en las aulas.

Sinceramente, valoro mucho los esfuerzos que se hacen por seguir avanzando en educación, por implementar cosas nuevas, porque el sistema no sea un dinosaurio anclado en el pasado. Hablaron de las aulas de liderazgo, de trabajar la educación emocional en las aulas, de la psicomotricidad pero todo eso me dio la sensación estaba dirigido siempre a sacar lo mejor, a llegar a lo más alto, a ser el o lo mejor, a convertirse en “águila y no ser gallina de corral” (frase literal que dijo alguien del CEU). Personalmente esa forma de enfocar la educación me da escalofríos, orientada a ser mejor, llegar a lo más alto, me da por pensar que son objetivos que vienen impuestos porque ¿Quién decide que es mejor? ¿Quién decide donde está el punto más alto? Y sobre todo ¿Qué pasa si no todos llegan a esos puntos altos? Quiero pensar que se refieren al máximo desarrollo de cada persona, de cada habilidad individual, a reconocer y potenciar las habilidades que a cada uno nos hace diferentes, a ayudarnos a desarrollar nuestros propios objetivos, los objetivos que voluntariamente nos ponemos cada uno y especialmente en la niñez, pero creo que eso aún está lejos, a no ser que se cambien los criterios y las formas evaluadoras.

En mi experiencia como mamá de dos peques he visto que sus logros son hipercelebrados por ellos mismos cuando son sus propios deseos los que les impulsan a querer lograrlos, que sienten algo maravilloso cuando consiguen algo que ellos mismos se lo plantean como reto porque quieren hacerlo, por ejemplo ponerse de pie cuando aún no saben andar, hacer pompas de jabón, pinchar un trozo de comida, conseguir pronunciar una palabra tal y como ellos pueden y que tú les entiendas, y otro largo conjunto de cosas que van aprendiendo poco a poco y cuyo motor principal son ellos mismos. Y luego convertimos en las escuelas, o en casa, que su motor sea complacer al profesor, al adulto, y conseguir lo que te dicen que tienes que conseguir, olvidándote de cuáles son tus motivaciones internas.

Ya escuchando al protagonista de la charla me encantó su forma lógica de ir orientando las ideas, de ir desarrollando el discurso lógico de la charla para que entendiéramos el objetivo final del TBL (Thinking Based Learning), pero no quita que me fueran surgiendo dudas respecto algunos puntos.

Genial la idea de que todos tenemos la capacidad de pensar y que se basa en la experiencia e información almacenada, por eso tiene que ser muy estimulante escuchar en un aula o grupo las ideas diferentes que surgen, ideas que pueden ser muy diferentes en función de la heterogeneidad del grupo. Esto creo hace crecer la autoestima del individuo al sentir confianza para presentar sus ideas sin sentirse juzgado, sin avergonzarse porque sean buenas o malas porque nadie las va a juzgar, sólo se exponen, se trabajan las consecuencias y todos pueden elegir la que consideran mejor. Ayuda a no aferrarse a una idea propia simplemente por ser propia y por ser la tuya, estimula que se escuche a los otros y que seamos capaces de moldear nuestras ideas iniciales, o no, según cómo vayan saliendo las cosas. Sin embargo, tengo mis dudas de cómo debe ser el papel del “profesor” o “guía”, ¿qué ocurre si el profesor no es capaz de librarse de su capacidad juzgadora, de su propia experiencia para saber o dirigir si algo será mejor o peor decisión? Me preocupa la idea de un entrenador que guíe demasiado, que realmente no estimule, no promueva la diferencia de pensamiento, sino que se convierta en muy capador, que sólo se preocupe en que se encuentre un camino correcto, el que funcione, el que el entrenador considere el correcto, el más beneficioso y de nuevo volvamos al mismo sistema de pocas ideas creativas porque no le gustan al profesor.

Valoro la técnica del TBL por dejar que fluyan las ideas, sean cuales sean y esto me remite a la educación o crianza más inicial, cuando ni siquiera nuestros peques ni hablan ni andan, a cuando empiezan a manipular cosas y nos esforzamos en decirles cómo deben encajar las piezas de un puzzle, cómo deben comer con cuchara, qué colores usar, cómo usar el lápiz, cómo subir escaleras, por donde pueden o no pueden ir porque pueden caerse…es en esos puntos donde ya les estamos bloqueando la confianza y su capacidad creativa, su capacidad investigadora, les bloqueamos que puedan encontrar soluciones satisfactorias por y para ellos mismos.

En definitiva, encontré el punto de porque me chirriaba el título y la frase “enseñar a pensar”. Pensamos desde muy pequeños, somos creativos desde que manipulamos, cada peque tiene un motor interno que le estimula a hacer las cosas que desea y busca soluciones a sus problemas bien experimentando cosas nuevas, que pueden funcionar o no funcionar, o usando su experiencia previa, que debido a la juventud es pequeña pero muy intensa. Así que su entorno, buscando siempre lo mejor para ellos, nos esforzamos en darle soluciones casi de antemano, sin que lo necesiten, para que consigan su objetivo, para que no se equivoquen, para que la frustración y el enfado que conlleva no aparezca en sus caritas…y esto hace que le comencemos a bloquear su propia capacidad creativa, a que empiecen a necesitar de forma mas o menos intensa un guía mas o menos estricto, comienzan a perder la libertad para experimentar con confianza y ese es el punto donde me chirria lo de enseñar a pensar…¡Claro! Les tenemos que enseñar a pensar de modo crítico y creativo porque se lo hemos bloqueado anteriormente.

Así que manos a la obra, dejémosles experimentar, crear, que se equivoquen, que acierten, que inventen, acompañémosles en sus ideas locas (locas para nosotros porque basados en nuestra experiencia intuimos que algunas pueden no funcionar) pero ellos van adaptando su creatividad a sus experiencias y su imaginación a la realidad.

Dejémosles que pinten soles verdes y pájaros sin alas, que bailen y salten, que suban donde quieran subir o bajen donde quieran bajar, experimentar y equivocarse puede ser muy frustante pero igualmente estimulante cuando consigues algo en lo que crees y que has conseguido por ti mismo…acompañémosles y velemos por su seguridad, proporcionémosles materiales y espacio.

Ya para terminar remarco mi preocupación por siempre perseguir lo mejor, que la educación vaya dirigida a lo mejor, me encantaría dirigirla hacia la diversidad, hacia lo apropiado, hacia lo más conveniente en cada caso, para mí la palabra mejor lleva algunas connotaciones negativas, pero eso es para mí.

Algo que pienso hacer después de aprender sobre TBL es implicar más a mis peques en las decisiones de casa, ajustadas a su edad, desde elegir el desayuno o cena, o qué hacer en los días festivos. Dejarles más libertad cuando ellos se enfrenten a un problema, observarles e intentar no darles mis soluciones, animarles a seguir intentándolo, a responderles con preguntas cuando ellos me hagan preguntas para que ellos discurran y lleguen a sus ideas, ayudarles para buscar información sin que yo sea la fuente proveedora de información, a dejarles que se equivoquen y valorar que el error nos ayuda a aprender. Lo difícil será que no todo el entorno rema en la misma dirección, en casa lo haremos como juego. Y especialmente me ha gustado dejar los libros a mitad para pensar qué cosas podrían ocurrir, qué decisiones pueden tomar los protagonistas, qué consecuencias puede tener cada decisión y todo eso jugando, sin obligar, sin imponer, jugar a imaginar y pensar.

Pues de nuevo me he extendido una barbaridad.

Gracias de nuevo.

Cristina.

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