¿Por qué soy asesora de lactancia?

Hace tiempo que terminé la formación de asesoras de lactancia Edulacta, y os lo quería contar en el blog con alguna historia bonita sobre la lactancia de mis peques.  Pero creo que ya hay muchas de estas historias escritas que a veces pueden llevar a confusión.

Dar el pecho a mis hijos es amor, entrega, apego, contacto, calma, confianza, respeto, escucha, caricias, miradas, besos, suspiros, descanso y dormir. Todo esto es genial, pero no ha sido un camino de rosas, dando el pecho también he sentido y sufrido, calor, cansancio, prisas, pérdida de autonomía, agobio, sueño, falta de confianza, dudas, críticas, malos consejos, molestias, dolor, tristeza y soledad.

Para todo lo “regular” he ido poniendo remedio, he buscado la información que no tenía y acudido a personas que me han ido ayudando, siempre con el mismo mantra: “si esto me hace y nos hace sentir bien, no puede ser tan difícil, tiene que haber solución” y efectivamente la había, siempre más fácil de lo que parecía. El apoyo de mi marido y la ESCUCHA a mi misma y a mis hijos han sido fundamentales. También ser “muy cabezota” ha ayudado :-).

Así que algo que te hace sentir tantas cosas no puede ser ni fácil ni algo que no requiera esfuerzo o dedicación. Cada vez menos, pero todavía hay mucha falta de información, muchos profesionales insuficientemente formados, y mucha herencia familiar de madres, suegras, cuñadas y vecinas mal asesoradas. Así no es fácil dar la teta a gusto, hacen falta muchas asesoras de lactancia y grupos de apoyo, ojalá llegue el día en que no hagamos falta y podamos trasmitir toda esta información de forma natural de madres a hijas y estemos todas y todos para apoyarnos y que QUIEN QUIERA, PUEDA.

Gracias hijos por este regalo y por descubrirme un mundo que ni en sueños imaginaba.

¿Estás embarazada y tienes pensado dar el pecho a tu bebé?¿Estás dando el pecho y tienes alguna dificultad, física o emocional? Si necesitas ayuda no estás sola, me gustaría ayudarte.

Otro año sin calendario de adviento.

Me encantan los calendarios de adviento, los bonitos, los hechos en casa, llenos de actividades chulísimas, esos que veo en facebook y en blogs. Pero hijos, aquí en casa vivimos al día, no somos capaces a veces de organizar adecuadamente la semana, cuanto menos casi un mes entero de planificación.

Os recojo en el cole y muchos días no llegamos a casa antes de que sea de noche, vamos al parque porque sobre todo tú Candela necesitas correr libre, montáis en bici en el parking del cole, vemos juntos a las niñas de patinaje, bailamos y hacemos algún recado. Llegamos a casa, jugáis y os peleáis (“ya no soy tu hermana”) para al rato abrazaros y quereros con locura (“me voy a casar con Nacho y vamos a vivir todos juntos, tenemos que buscar una casa más grande”). Hacemos la cena y ya.

Este va a ser otro año sin calendario de adviento, hacemos las cosas cuando podemos y tenemos un ratito, hemos hecho el disfraz de Candela, unos adornos preciosos para las profes y galletas para regalar. No sin esfuerzo porque el cansancio y la paciencia me pueden a veces, y porque cualquier actividad con niños de edades tan distintas de momento se hace complicada. Pero todo merece la pena, me estoy acordando del día que Nacho tiró todos los fideos de colores por el suelo, me enfadé mucho y os hablé fatal, os cogisteis de las manitas y os mirasteis, sabiendo que os vais a tener para siempre. También tengo en mente vuestras caras cuando entregáis un regalo, resulta que os gusta casi tanto hacerlos como recibirlos.

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Os encanta la Navidad, todas las noches encendemos las luces del árbol y de la terraza y cantamos los villancicos del cuento que os han dejado los primos, “Rrratatumba” es la preferida. Candela nos pregunta si los Reyes Magos la vigilan porque se lo han dicho en el cole y que si tiene que portarse bien para recibir regalos. “No, todo eso es mentira, lo dicen algunos adultos para que hagáis lo que ellos quieren.” respondemos nosotros. “Claro, porque eso es chantaje y no está bien” nos dice de nuevo. :-). Estás madurando mucho y ya entiendes bastante esta forma nuestra de hacer las cosas, lo que hace que todo sea más fácil.

Las Navidades vuelven a ser magia gracias a vosotros.

Desescolarización veraniega.

Los primeros días de vacaciones de Candela han sido un poco duros, ha pasado de estar 7 horas al día “dirigida” en el cole, a disponer de ese tiempo para sus propios intereses. Ha pasado de no poder elegir nunca sus actividades, a poder hacer lo que quiera, a escucharse y hacer lo que le pide el cuerpo. Ha pasado de tener que obedecer continuamente, a poder reconocer y expresar sus sentimientos, negociar y tratar de respetar. Todo esto, junto con seguir las rutinas de casa y entretenerse sola gran parte del tiempo, no está siendo fácil.

En un primer momento nos asustamos un poco, y yo que estaba leyendo cosas sobre la desescolarización, había escuchado decir que “por cada año de escolarización se necesita un mes de desintoxicación”, ¡Madre mía, vamos a estar así casi la mitad de las vacaciones!. Afortunadamente a partir de los primeros días la evolución y adaptación a la nueva situación ha sido muy favorable, yo llevo varios días sin escuchar eso de “me aburro”, como si fuéramos nosotros los encargados de proporcionarle entretenimiento continuamente. También los niños son muy listos y supongo que se le habrán quitado las ganas después de llevar varios días escuchando respuestas del tipo: “Qué bien hija, no sabes lo mucho que me alegro, es muy sano aburrirse, ya lo verás” o “Estupendo, aprovecha que el resto del año no tendrás tanta suerte” que son las versiones modernas y empáticas del “pues cómprate un mono” que me decían a mi de pequeña.

Desescolarizar no implica necesariamente plantearse sacar a los niños del cole, hacer homeschooling o unschooling. Son muy interesantes los talleres de Laura Mascaró para todo tipo de público, en los que se plantea la desescolarización interna como un proceso de poner cada cosa en su lugar, desmitificar la escuela tradicional, su necesidad, quitarnos complejos y presiones y relajarnos para ver el aprendizaje como algo natural, espontáneo divertido y enriquecedor. Porque hoy en día, en el mundo que vivimos no creo que nadie piense que un niño no es capaz de adquirir conocimientos y desarrollar sus intereses sin ir a la escuela. Porque hoy en día con el acceso a la información del que disponemos, ni la escuela ni el colegio son fuentes de sabiduría, ningún profesor puede saber todo lo relacionado con una materia, que alguien no pueda encontrar por sus propios medios. Y porque sabemos que todo lo que se estudia en primaria, alguien con la madurez suficiente es capaz de aprenderlo en tan solo año y medio.

Entonces a menudo me pregunto si necesitan mis hijos asistir a la escuela, y la respuesta siempre es NO, no lo NECESITAN en absoluto. Les puede venir bien en algunos aspectos y es la mejor opción a nuestro alcance para “conciliar” (ja,ja y ja, perdón pero me da la risa siempre que escribo o escucho esa palabra). Pero siempre teniendo presente que el aprendizaje importante es el que viven en casa y el de las propias experiencias que vayan teniendo. Aunque no esté 100% de acuerdo, el siguiente post sobre los 33 daños colaterales de escolarizar a tu hijo me gusta mucho como guía de observación de padres, porque son algunos de los efectos no deseados que se pueden dar y que conociéndolos se pueden intentar reconducir.

Así que el verano es una oportunidad perfecta para desescolarizarse, y hacer lo que niños tan pequeños deberían poder hacer todo el año: levantarse cuando quieran y observar tranquilamente la obra que hay frente a su casa, como en la foto. Este verano nuestros pequeños están en casa aburriéndose como ostras, no pueden estar mejor porque este año están con papá, que aunque sabe lo duro que se hace a veces, también sabe que llegará un momento en que lo echará de menos. Me mandan una foto en la que Candela ha aprendido a dormir a su hermano, llena de orgullo. Y cuando llego a casa me cuentan todas las novedades: “Hay una grúa y están haciendo un agujero para el garaje”,”Y hemos discutido y mi hermano me ha tirado del pelo, pero ya lo hemos arreglado”,”Jugamos? Tú eres la hija y yo soy la mamá” o “Jugamos? Yo soy el dragón y tú la princesa”.

 

 

Nuestros hijos hacen novillos

Los niños de infantil que asisten a escuelas tradicionales pasan al menos 5 horas al día en un aula normalmente pequeña con 26 niños más y la profe. No tienen muchas opciones de elegir sus actividades, ni de hacer juego simbólico y mucho menos juego libre (salvo los 20-30 minutos de patio que establece la Comunidad de Madrid) ¿Es posible no sentirse estresado con este panorama? Yo como adulto no lo aguantaría, así que no espero que lo hagan mis hijos.

Por ello de vez en cuando y en la medida de lo posible hacemos pellas, novillos, rabonas o como lo quieras llamar. En definitiva, faltan a clase por prescripción de sus papás que somos nosotros mismos, y no os podéis imaginar lo beneficioso que es para ellos:

  • Primero sienten que se les tiene en cuenta, y así es. Candela ha faltado a clase cuando hemos notado que estaba cansada o estresada, y hablando con ella, conectando con sus necesidades hemos decido que necesitábamos un día extra de vacaciones. También ha ocurrido cuando los adultos hemos necesitado descansar de la rutina de llevarles al cole o queríamos hacer algo especial.
  • Aprenden algo muy valioso en la vida que es lo que llaman TOMARSE UN RESPIRO, para coger fuerzas y cargar pilas. Esto no te lo enseñan en las escuelas.
  • Aprenden el significado de la palabra “excepción”. Al escoralizar adquieres el compromiso de llevar a tus hijos al cole y es muy importante cumplir los compromisos, pero no por encima de tu bienestar. Así que hacer pellas es una excepción, además estamos ocupando la plaza que podría estar ocupando otro niño. Todo esto se lo explicamos tal cual a Candela (casi 4 años) que lo entiende perfectamente.

 

Lo curioso del tema es lo mal visto que está. Lo notas en la cara de la profe cuando le dices que tu hija no ha ido al cole porque se fue a esquiar con su padre, o cuando lo comentas en el trabajo y te preguntan sorprendidos si no ha ido al cole. Es la misma desaprobación que ya hemos vivido con la lactancia o el colecho, por gente que piensa que estamos criando potrillos salvajes, desobedientes, que no se dejan dominar. Y en realidad es justo eso, solo que además con grandes dosis de respeto y cariño.

En el mundo de los adultos, trabajar en una empresa flexible a la hora de disfrutar de tus vacaciones está muy bien visto, poder coger días sueltos cuando lo necesitas o te viene bien, es algo muy positivo. ¿Por qué obligamos a nuestros peques a cumplir con un calendario escolar tan inflexible?

 

 

Escuela libre Alavida

La primera vez que contacté con Alavida fue por teléfono, yo hacía poco que era consciente de que hay profesores capaces de romperle un dibujo a un niño de 3 años, eso que has leído en alguna parte pero que te crees que es una excepción. Así que cuando al teléfono me atendió alguien tan amable como Ángel, que me escuchó y explicó el proyecto con tanta pasión, un nudo se me hizo en la garganta y supe que teníamos que ir a uno de sus días de campo.

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Efectivamente no me equivocaba, quizá el exterior no es tan mágico como el de otras escuelas que hemos visitado, porque no hay tanta vegetación y probablemente porque llevan poco tiempo en Chapinería. Pero igualmente es muy atractivo para los niños, no faltan los areneros, cuerdas en los árboles, una divertidísima montaña de arena con tubería para tirarse por ella y muchísimo espacio. Los espacios interiores también me cautivaron, es una casa de dos plantas muy grande, la inferior para niños de 3 a 6 y la superior para los de 6 a 12. Hay muchísima luz natural y una cantidad ingente de materiales, montessori por todas partes pero también materiales manipulativos propios, fruto de más de 15 años de trabajo y experiencia, todo perfectamente ordenado en estanterías accesibles.

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También hay zonas de descanso, de lectura, de juegos, de manualidades, aula de inglés, espacio de música y teatro, cocina de experimentos, de todo. El ambiente que se respira es hogareño, para los niños debe ser su segunda casa, pueden moverse libremente por todas partes y elegir que hacer, además pueden salir al exterior cuando quieran. “Primaria” nos la enseñó Bea, una de las fundadoras de Alavida, a quien le brillan los ojos de ilusión cuando te explica lo maravilloso que es que un niño aprenda a sumar solo, simplemente manipulando materiales y siendo acompañado, a su ritmo y de forma respetuosa.

Nos hubiera encantado quedarnos a la charla de Tinus Wijnakker, fundador también de Alavida, pero un día entero de campo con dos niños pequeños que necesitan dormir siesta y que no lo hacen en cualquier sitio, es demasiado tiempo para nosotros. Así que después del rico arrocito que nos prepararon y comimos al sol, nos fuimos a casa. Pero he encontrado unos videos en youtube en los que Tinus habla de Alavida y que merece la penar ver, o al menos escuchar:

 

En Alavida el aprendizaje surge de los niños y los adultos les acompañan en el proceso proporcionando amor incondicional, ambientes preparados y relajados, seguridad y ritmos. Para acompañar hay que “estar” sin intervenir cuando no es necesario, y requiere “desaprender”, observar, tener en cuenta al niño y confiar plenamente en sus capacidades.

En Alavida no se juzga, no se compara, no hay expectativas ni valoraciones, cada uno tiene su ritmo, aprenden a través de la experiencia y las emociones. No hay niños malos, ni en momentos conflictivos, los niños pueden tener un malestar y expresarlo sin molestar a nadie, se respetan todos los sentimientos. Lo que los niños aprenden básicamente en Alavida es a ser una parte activa de su vida, más que poner constantemente su vida al juicio de los demás.

Una de nuestras preocupaciones sobre este tipo de escuelas era si los niños que asisten a estos espacios luego son capaces de enfrentarse cómodamente a la realidad. Tinus lo explica en el tercer video, son niños respetuosos que conservan su curiosidad y gusto por aprender. Nuestra experiencia en el día de campo, cuando Candela jugó con ellos fue que son niños que viven tranquilos, que saben organizarse en el juego, que incluyen a los pequeños y les respetan, que se ayudan y que se lo pasan muy bien. Desde luego me sentí más a gusto que en un parque cualquiera en el que los niños se arrancan los juguetes de las manos, se pegan y los mayores pasan por encima de los pequeños ante la mirada pasiva de sus padres.

Ellos dicen “No enseñamos valores, se viven” y me parece que todo en Alavida es así, los sentimientos, los conocimientos, la convivencia y todo se vive en libertad y con respeto. Ojalá mis hijos pudieran disfrutar de este ambiente. Estamos en ello. Siempre me pregunto si seremos capaces de compensar nosotros en casa. También estamos en ello.

 

 

 

Imagine Elephants y el juego libre.

Cuando empecé a buscar información sobre escuelas activas y educación libre di con un documental fabuloso que habla sobre el juego, la necesidad de juego en los niños especialmente. Pero no un juego cualquiera, sino un juego LIBRE, espontáneo, que surge de dentro y que no es promovido ni controlado por un adulto. El documental se llama “Imagine Elephants” y se puede ver íntegramente en su web así como las entrevistas individuales de cada uno de los participantes en el documental.

En el cole los niños pasan mucho tiempo y salvo que sea una escuela libre todo el rato están dirigidos por un adulto que les dice que hay que hacer en cada momento, luego están las actividades extraescolares (fútbol o tenis también es actividad extraescolar), deberes, televisión y poco más. Buscarles actividades, tenerles entretenidos, jugar con ellos un rato, llevarles a un parque de bolas o ir un poco al parque todo el rato controlado por un adulto NO es juego libre. Los niños no tienen tiempo para ellos, para aburrirse, para imaginar, para inventar. Además a menudo van al cole en coche, no tienen espacios de juego cerca, los parques se hacen pensando en los adultos, para que los niños no se manchen ni se caigan ni experimenten. Yo he visto parques en los que no se puede jugar a la pelota, alucinante!

¿Qué te viene a la mente cuando piensas en los juegos de tu infancia?
Yo lo primero en lo que pienso es en unas botas de agua rojas y un charco enorme que se formaba en mi barrio, lo recorría, saltaba, buscaba bichos, metía palos, tiraba piedras y así podía estar durante horas. Me encantaba el barro que se formaba alrededor, en él cogía lombrices y hacía huellas. También recuerdo los días de verano en el pueblo de mi padre, recorriendo en bicicleta los caminos, “cazando” ranas en el río, haciendo cabañas y cogiendo fruta de los árboles. Con el juego aprendí a distinguir la fruta madura, a devolver las ranas al río, a no pisar los huertos que los vecinos estaban cuidando, y sobre todo a relacionarme con otros niños. Taaaantas cosas aprendí, muchas más diría yo que las que me estaban enseñando en la escuela, de hecho no recuerdo nada que hubiera aprendido en esa época en el colegio.

Las habilidades sociales, el respeto, la amistad, aprender a controlar riesgos, medir fuerzas, conocerse y construirse, esto no se aprenden si no es jugando. Yo creo que este es el documental que todo padre debería ver, a veces nos perdemos en comprarles materiales, juguetes, estimularles, prepararles experimentos sensoriales, hacer planes y miles de actividades pero nos olvidamos de lo esencial. ¿Y nuestros hijos que recordarán de su infancia?

¿Se puede enseñar a pintar a un niño?

Candela (casi 4 años) llevaba unos meses sin pintar, ella que disfrutaba como una enana garabateando con sus ceras, con acuarelas, pinturas de dedo, bolis, rotuladores …. de todo! Pintaba todos los días, lo que le parecía, y llenaba cuadernos y cuadernos con sus colores desde muy chiquitita, hasta que en el cole empezaron a “enseñarles” a pintar.

Bueno perdón, en realidad no les enseñan a pintar, en palabras de su profe pintan lo que quieren, les ofrecen modelos para que lo pinten igual o hagan lo que quieran, y luego a la mañana siguiente se lo enseñan a los amigos en la asamblea y son los amigos quienes les dicen si no ha usado el color adecuado, o si se ha salido de la raya. Lo que viene a ser el mismo perro con distinto collar.

Pero como los niños son muy inteligentes, a pesar de lo que piensen aquellos que tienen tanta necesidad de instruirles, lo que mi hija nos decía era que ya no le gustaba pintar porque ahora ella coloreaba, y que lo hacía muy bien porque casi no se salía de la línea porque a su profe no le gusta que se salga de la línea, que ya no usa el negro porque a su profe no le gusta el negro, ni el marrón, que su profe le ha dicho que las caras no son negras y que el sol lo tenía que dibujar con un circulito y unas rayas amarillas. Triste, muy triste todo. ¿Nos imaginamos a Miró pintando los soles de esa manera? Muy interesante al respecto este post que leí la semana pasada sobre “como hacer que un niño o niña aborrezca pintar en seis pasos, reflexiones de Arno Stern” del blog “la mamá de Pequeñita”.

Llegados a este punto Álvaro y yo tampoco queríamos agobiar (hay que seguir al niño decía María Montessori) y hemos estado meses esperando, imprimiendo dibujos que nos pedía ella para colorear sin salirse de la línea, hasta que el viernes pasado se quedó sin ellos y en lugar de pedir más me dijo:

-No tengo para colorear ¿Qué podemos hacer?

-Pues hace tiempo compramos un rollo de papel muy grande, ¿Sacamos los pinceles?

-Si!!!!

En otras ocasiones también se lo había ofrecido y siempre había dicho que no, pero el otro día pintó con acuarelas (empezó por una persona y un sol amarillo con circulito y rayitas, eso si), siguió haciendo garabatos con los mismos pinceles, sacó las pinturas corporales y nos pintó a su padre y a mi, pintó en la pizarra con las tizas y unos cuantos dibujos más con ceras y rotuladores. XD XD XD Por fin! No dijimos “muy bien!” ni preguntamos “qué es eso?”, simplemente estábamos todos muy contentos: ¿Lo estás pasando bien?, eso es lo importante. Y lo pusimos todo en nuestra “pared del arte”.

A los profes que enseñan a los niños a pintar para que aprendan a interpretar la realidad yo les pediría que me explicasen ¿Qué es la realidad? Y les preguntaría si realmente piensan que un niño a su ritmo, en el momento adecuado de su desarrollo individual, no va a ser nunca capaz de ver el cielo azul sin su ayuda. Aquellos que les enseñan a no salirse de la raya para que controlen sus manitas como paso previo a la lectro-escritura, ¿No se les ocurren otros medios igualmente divertidos que no destrocen su creatividad?¿No han oído hablar de Montessori y los resaques metálicos por ejemplo?

Está de moda la creatividad, y todos los programas educativos la tienen entre sus objetivos, pero ¿Se está haciendo lo correcto? ¿No son los niños creativos por naturaleza y lo único que tenemos que hacer es no fastidiarles?