Otro año sin calendario de adviento.

Me encantan los calendarios de adviento, los bonitos, los hechos en casa, llenos de actividades chulísimas, esos que veo en facebook y en blogs. Pero hijos, aquí en casa vivimos al día, no somos capaces a veces de organizar adecuadamente la semana, cuanto menos casi un mes entero de planificación.

Os recojo en el cole y muchos días no llegamos a casa antes de que sea de noche, vamos al parque porque sobre todo tú Candela necesitas correr libre, montáis en bici en el parking del cole, vemos juntos a las niñas de patinaje, bailamos y hacemos algún recado. Llegamos a casa, jugáis y os peleáis (“ya no soy tu hermana”) para al rato abrazaros y quereros con locura (“me voy a casar con Nacho y vamos a vivir todos juntos, tenemos que buscar una casa más grande”). Hacemos la cena y ya.

Este va a ser otro año sin calendario de adviento, hacemos las cosas cuando podemos y tenemos un ratito, hemos hecho el disfraz de Candela, unos adornos preciosos para las profes y galletas para regalar. No sin esfuerzo porque el cansancio y la paciencia me pueden a veces, y porque cualquier actividad con niños de edades tan distintas de momento se hace complicada. Pero todo merece la pena, me estoy acordando del día que Nacho tiró todos los fideos de colores por el suelo, me enfadé mucho y os hablé fatal, os cogisteis de las manitas y os mirasteis, sabiendo que os vais a tener para siempre. También tengo en mente vuestras caras cuando entregáis un regalo, resulta que os gusta casi tanto hacerlos como recibirlos.

dicgalletas

adornosdic

Os encanta la Navidad, todas las noches encendemos las luces del árbol y de la terraza y cantamos los villancicos del cuento que os han dejado los primos, “Rrratatumba” es la preferida. Candela nos pregunta si los Reyes Magos la vigilan porque se lo han dicho en el cole y que si tiene que portarse bien para recibir regalos. “No, todo eso es mentira, lo dicen algunos adultos para que hagáis lo que ellos quieren.” respondemos nosotros. “Claro, porque eso es chantaje y no está bien” nos dice de nuevo. :-). Estás madurando mucho y ya entiendes bastante esta forma nuestra de hacer las cosas, lo que hace que todo sea más fácil.

Las Navidades vuelven a ser magia gracias a vosotros.

Imagine Elephants y el juego libre.

Cuando empecé a buscar información sobre escuelas activas y educación libre di con un documental fabuloso que habla sobre el juego, la necesidad de juego en los niños especialmente. Pero no un juego cualquiera, sino un juego LIBRE, espontáneo, que surge de dentro y que no es promovido ni controlado por un adulto. El documental se llama “Imagine Elephants” y se puede ver íntegramente en su web así como las entrevistas individuales de cada uno de los participantes en el documental.

En el cole los niños pasan mucho tiempo y salvo que sea una escuela libre todo el rato están dirigidos por un adulto que les dice que hay que hacer en cada momento, luego están las actividades extraescolares (fútbol o tenis también es actividad extraescolar), deberes, televisión y poco más. Buscarles actividades, tenerles entretenidos, jugar con ellos un rato, llevarles a un parque de bolas o ir un poco al parque todo el rato controlado por un adulto NO es juego libre. Los niños no tienen tiempo para ellos, para aburrirse, para imaginar, para inventar. Además a menudo van al cole en coche, no tienen espacios de juego cerca, los parques se hacen pensando en los adultos, para que los niños no se manchen ni se caigan ni experimenten. Yo he visto parques en los que no se puede jugar a la pelota, alucinante!

¿Qué te viene a la mente cuando piensas en los juegos de tu infancia?
Yo lo primero en lo que pienso es en unas botas de agua rojas y un charco enorme que se formaba en mi barrio, lo recorría, saltaba, buscaba bichos, metía palos, tiraba piedras y así podía estar durante horas. Me encantaba el barro que se formaba alrededor, en él cogía lombrices y hacía huellas. También recuerdo los días de verano en el pueblo de mi padre, recorriendo en bicicleta los caminos, “cazando” ranas en el río, haciendo cabañas y cogiendo fruta de los árboles. Con el juego aprendí a distinguir la fruta madura, a devolver las ranas al río, a no pisar los huertos que los vecinos estaban cuidando, y sobre todo a relacionarme con otros niños. Taaaantas cosas aprendí, muchas más diría yo que las que me estaban enseñando en la escuela, de hecho no recuerdo nada que hubiera aprendido en esa época en el colegio.

Las habilidades sociales, el respeto, la amistad, aprender a controlar riesgos, medir fuerzas, conocerse y construirse, esto no se aprenden si no es jugando. Yo creo que este es el documental que todo padre debería ver, a veces nos perdemos en comprarles materiales, juguetes, estimularles, prepararles experimentos sensoriales, hacer planes y miles de actividades pero nos olvidamos de lo esencial. ¿Y nuestros hijos que recordarán de su infancia?