Imagine Elephants y el juego libre.

Cuando empecé a buscar información sobre escuelas activas y educación libre di con un documental fabuloso que habla sobre el juego, la necesidad de juego en los niños especialmente. Pero no un juego cualquiera, sino un juego LIBRE, espontáneo, que surge de dentro y que no es promovido ni controlado por un adulto. El documental se llama “Imagine Elephants” y se puede ver íntegramente en su web así como las entrevistas individuales de cada uno de los participantes en el documental.

En el cole los niños pasan mucho tiempo y salvo que sea una escuela libre todo el rato están dirigidos por un adulto que les dice que hay que hacer en cada momento, luego están las actividades extraescolares (fútbol o tenis también es actividad extraescolar), deberes, televisión y poco más. Buscarles actividades, tenerles entretenidos, jugar con ellos un rato, llevarles a un parque de bolas o ir un poco al parque todo el rato controlado por un adulto NO es juego libre. Los niños no tienen tiempo para ellos, para aburrirse, para imaginar, para inventar. Además a menudo van al cole en coche, no tienen espacios de juego cerca, los parques se hacen pensando en los adultos, para que los niños no se manchen ni se caigan ni experimenten. Yo he visto parques en los que no se puede jugar a la pelota, alucinante!

¿Qué te viene a la mente cuando piensas en los juegos de tu infancia?
Yo lo primero en lo que pienso es en unas botas de agua rojas y un charco enorme que se formaba en mi barrio, lo recorría, saltaba, buscaba bichos, metía palos, tiraba piedras y así podía estar durante horas. Me encantaba el barro que se formaba alrededor, en él cogía lombrices y hacía huellas. También recuerdo los días de verano en el pueblo de mi padre, recorriendo en bicicleta los caminos, “cazando” ranas en el río, haciendo cabañas y cogiendo fruta de los árboles. Con el juego aprendí a distinguir la fruta madura, a devolver las ranas al río, a no pisar los huertos que los vecinos estaban cuidando, y sobre todo a relacionarme con otros niños. Taaaantas cosas aprendí, muchas más diría yo que las que me estaban enseñando en la escuela, de hecho no recuerdo nada que hubiera aprendido en esa época en el colegio.

Las habilidades sociales, el respeto, la amistad, aprender a controlar riesgos, medir fuerzas, conocerse y construirse, esto no se aprenden si no es jugando. Yo creo que este es el documental que todo padre debería ver, a veces nos perdemos en comprarles materiales, juguetes, estimularles, prepararles experimentos sensoriales, hacer planes y miles de actividades pero nos olvidamos de lo esencial. ¿Y nuestros hijos que recordarán de su infancia?

¿Se puede enseñar a pintar a un niño?

Candela (casi 4 años) llevaba unos meses sin pintar, ella que disfrutaba como una enana garabateando con sus ceras, con acuarelas, pinturas de dedo, bolis, rotuladores …. de todo! Pintaba todos los días, lo que le parecía, y llenaba cuadernos y cuadernos con sus colores desde muy chiquitita, hasta que en el cole empezaron a “enseñarles” a pintar.

Bueno perdón, en realidad no les enseñan a pintar, en palabras de su profe pintan lo que quieren, les ofrecen modelos para que lo pinten igual o hagan lo que quieran, y luego a la mañana siguiente se lo enseñan a los amigos en la asamblea y son los amigos quienes les dicen si no ha usado el color adecuado, o si se ha salido de la raya. Lo que viene a ser el mismo perro con distinto collar.

Pero como los niños son muy inteligentes, a pesar de lo que piensen aquellos que tienen tanta necesidad de instruirles, lo que mi hija nos decía era que ya no le gustaba pintar porque ahora ella coloreaba, y que lo hacía muy bien porque casi no se salía de la línea porque a su profe no le gusta que se salga de la línea, que ya no usa el negro porque a su profe no le gusta el negro, ni el marrón, que su profe le ha dicho que las caras no son negras y que el sol lo tenía que dibujar con un circulito y unas rayas amarillas. Triste, muy triste todo. ¿Nos imaginamos a Miró pintando los soles de esa manera? Muy interesante al respecto este post que leí la semana pasada sobre “como hacer que un niño o niña aborrezca pintar en seis pasos, reflexiones de Arno Stern” del blog “la mamá de Pequeñita”.

Llegados a este punto Álvaro y yo tampoco queríamos agobiar (hay que seguir al niño decía María Montessori) y hemos estado meses esperando, imprimiendo dibujos que nos pedía ella para colorear sin salirse de la línea, hasta que el viernes pasado se quedó sin ellos y en lugar de pedir más me dijo:

-No tengo para colorear ¿Qué podemos hacer?

-Pues hace tiempo compramos un rollo de papel muy grande, ¿Sacamos los pinceles?

-Si!!!!

En otras ocasiones también se lo había ofrecido y siempre había dicho que no, pero el otro día pintó con acuarelas (empezó por una persona y un sol amarillo con circulito y rayitas, eso si), siguió haciendo garabatos con los mismos pinceles, sacó las pinturas corporales y nos pintó a su padre y a mi, pintó en la pizarra con las tizas y unos cuantos dibujos más con ceras y rotuladores. XD XD XD Por fin! No dijimos “muy bien!” ni preguntamos “qué es eso?”, simplemente estábamos todos muy contentos: ¿Lo estás pasando bien?, eso es lo importante. Y lo pusimos todo en nuestra “pared del arte”.

A los profes que enseñan a los niños a pintar para que aprendan a interpretar la realidad yo les pediría que me explicasen ¿Qué es la realidad? Y les preguntaría si realmente piensan que un niño a su ritmo, en el momento adecuado de su desarrollo individual, no va a ser nunca capaz de ver el cielo azul sin su ayuda. Aquellos que les enseñan a no salirse de la raya para que controlen sus manitas como paso previo a la lectro-escritura, ¿No se les ocurren otros medios igualmente divertidos que no destrocen su creatividad?¿No han oído hablar de Montessori y los resaques metálicos por ejemplo?

Está de moda la creatividad, y todos los programas educativos la tienen entre sus objetivos, pero ¿Se está haciendo lo correcto? ¿No son los niños creativos por naturaleza y lo único que tenemos que hacer es no fastidiarles?

 

Mi parto respetado

Últimamente parece que si has dado a luz en un hospital, y has tenido un parto que llaman “medicalizado” y/o “intervenido” no has tenido un parto respetado. Pero por fin estoy leyendo posts que no siguen esta línea y que aclaran que la violencia obstétrica nada tiene que ver con parir en un hospital o en casa, como el que leí la semana pasada en el Club de Malasmadres.

Mis dos partos han sido de este estilo, en el Hospital Quirón Madrid, fueron partos naturales, sin episiotomía, con epidural, con oxitocina y con rotura de bolsa, uno de ellos provocado, y con todo esto las matronas y ginecólogas se tomaron todo el tiempo necesario, nos dejaron nuestro espacio y nos fueron guiando con mucho afecto. Uno de los partos fue en febrero, hacía frío y la ginecóloga y matrona se frotaban las manos para calentarlas antes de tocarme. Ambos partos han sido respetadísimos y unas de las mejores y más intensas experiencias de mi vida, me he sentido tranquila, segura, acompañada y respetada. Por supuesto Álvaro estuvo todo el rato a mi lado, no necesitábamos a nadie más, hubo nervios, cansancio, risas, lágrimas, complicidad, afecto y sobre todo mucho amor. Mis niños llegaron al mundo directos del vientre a mi pecho, piel con piel, sacados por mis manos en el último momento y ahí siguen, hasta que quieran.

En el parto de Nacho yo estaba monitorizada y a veces se dejaba de escuchar su latido, me monitorizaron internamente y pasaba lo mismo, sólo ocurría cuando me colocaba de una postura concreta, así que bastó con no ponerme en esa postura. Esa fue la única “complicación” que tuvimos, pero yo estaba tranquila porque sabía que me encontraba en el lugar adecuado, y que ante cualquier problema mi hijo y yo contaríamos con la atención necesaria.

Así que, la violencia obstétrica es una cosa muy seria que nada tiene que ver con emplear avances médicos en tu parto, siempre que te hayan informado bien sobre ello, te lo haya indicado y explicado un profesional adecuado, y te hayan dejado elegir posibles alternativas si las hubiere. La mayoría de las mamás hemos parido en hospitales y estoy segura de que también la mayoría lo recordamos de forma positiva. #Yotuveunpartorespetado

Llegó y se fué

Esto que he leído hoy me emociona tanto que no se ni que escribir. Simplemente comparto:

otro blog de mamis

Precioso, nutricio pecho de madre, de mamífera..esperando una cría que se fue... Precioso, nutricio pecho de madre, de mamífera..esperando una cría que se fue…

Mai nació el 3 de marzo, en una cesárea necesaria por prolapso del cordón.  El prolapso del cordón es una complicación muy grave del parto que ocurre en rarísimas ocasiones y que, en este caso, tuvo consecuencias fatales.  Mai no se quedó con su madre.  Su madre es mi amiga, es una de las personas más sabias, fuertes y valientes que conozco, generosa a más no poder.

Hace varios días, compartió en Facebook un texto sobre el nacimiento de Mai y como había ella decidido actuar con respecto a la lactancia.  En el texto compartió una preciosa foto de su pecho desnudo llorando lágrimas blancas de leche por su pequeña princesa.  Algún descerebrado denunció la imagen y Facebook borró imagen, texto y los cientos de comentarios de apoyo y admiración que mi amiga había recibido.  No quiero decir…

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Escuela libre: La semilla violeta

Hace casi un par de semanas asistimos a una de las jornadas de puertas abiertas de “la semilla violeta”, desde el día después podría haber escrito este post, pero he preferido reposar las ideas y reflexionar para escribir con calma y claridad.

El lugar es increíble, sobre todo el espacio exterior, tan amplio, con enormes árboles y naturaleza tal cual, es lo primero que se ve al llegar y parece que entras en un bosquecito. Por supuesto es el paraíso de los niños: arenero con mogollón de utensilios para jugar, una montaña de arena, neumáticos, carretillas, columpios, todo de madera y cuerdas, nada de colorines, ni suelos de caucho ni césped. Yo entré en la casa con Nacho para la presentación y al sentarme junto a una ventana pude ver a Candela jugando fuera de un lado para otro, tranquila, feliz y libre.

La casa también es muy bonita, con luz, claridad, juguetes de madera, espacios abiertos, y todo por y para los niños. El espacio está en consonancia a las acompañantes que son pura calma, que hablan casi entre susurros y que trasmiten paz y amor por lo que hacen. Yo iba muy emocionada, la primera escuela libre que visitábamos, todo tan ideal que al presentarme me emociono más todavía y casi no puedo hablar, no puedo terminar de hablar, todos nos presentamos y contamos un poco por qué estamos en una escuela diferente, por qué buscamos esta alternativa, en general aunque alguien parece que lo tiene claro desde siempre todos llevamos a cuestas un poco de incomprensión, de soledad y de sufrimiento hasta llegar aquí: mamás sin tribu ni referencias y en contra de la familia e incluso la pareja en algún caso, todas sabemos lo difícil que es criar diferente y por primera vez en más de tres años y medio me siento comprendida aunque todavía un poco fuera de lugar. Cuando Nacho ya no para quieto y empieza a tirar por los aires unos encajables que nos han dejado me salgo para que entre Álvaro. Así como yo soy pura emoción él es más terrenal y pone cordura a cualquiera de mis impulsos, además en nuestro caso formamos un equipo y él también quería y necesitaba conocer el espacio y las acompañantes.

Mientras que a Álvaro le explican las rutinas diarias, lo que hacen y aspectos prácticos como horarios y precios, yo me quedo con los pequeños fuera, donde ha empezado a nevar y nos resguardamos en una casita pequeña para niños, de obra con jardín y todo, utensilios de cocina, bolsos perchas y hasta un cuadrito colgado. Como papá sabe que hace frío, que nieva y que estamos fuera sale a buscarnos, nos cruzamos las miradas y los dos sabemos que no ha habido “flechazo”, aun así entra de nuevo con Candela porque también queremos que ella nos de sus impresiones.

Me cuesta mucho explicar por qué no hubo flechazo, cuando todo fue tan perfecto. En realidad hay razones de peso como la economía, y lo demás son sutilezas y percepciones muy personales fruto de dejarnos guiar por el instinto. Cuando nos planteamos visitar escuelas libres acordes con nuestra forma de criar, pensamos que “daríamos el salto” si realmente había algún proyecto que nos encantara y nos hiciera llorar a los dos (sólo a mi no vale que soy de lágrima fácil), que sino es que no estábamos tan mal. Y en ese punto nos encontramos ahora, con la escuela de Nacho estamos encantados (ya hablé en un post anterior sobre Achalay) y el cole de Candela es uno de esos guays que trabajan por proyectos y rincones, pero que en algunos aspectos no está en nuestra misma línea de respeto y libertad aunque estando muy pendientes y participativos podemos intentar ir remediándolo y compensando en casa. Seguiremos buscando, tenemos previstas algunas visitas más.

No dejéis de ver su vídeo de presentación, es precioso: La semilla violeta, una aventura transformadora

Mujeres “guerreras”

Durante un tiempo hemos estado leyendo a diario Mulán, un cuento que eligió Candela en la biblioteca y que en realidad no es muy apropiado para niños de 3 años y medio, por los textos, por lo largo que es y porque al final tienes que explicar muchas cosas, echarle imaginación y “traducirlo” para que lo entiendan un poco. Pero ella quería un cuento de princesas, eligió Mulán y durante algo más de un mes ha sido su preferido.

Además entre lo largo que es, las preguntas y la curiosidad que le ha despertado el tema de China, la muralla, las casamenteras, los dragones, las guerreras, y los grillos de la suerte, la hora de dormir se ha alargado más de lo normal y eso lo convierte en un cuento “superchuli” como diría ella. También ha llegado a sus propias conclusiones:

-¿Y por qué sólo pueden ir los hombres a luchar mamá? – Porque pensaban que las chicas no eran fuertes. – Vaya, pues no se enteran de nada. – No hija, no tenían ni idea.

Así que parece que hay cosas que son obvias y que no es necesario explicar. La igualdad en los niños es natural a no ser que se les enseñe lo contrario.

Escuela infantil Achalay

Me siento feliz cuando voy a buscar a Nacho (1 año) al “cole” y le veo contento encima de su profe que está sentada en el suelo, con los compañeros de clase también cerquita, cada uno haciendo sus cosas, pero todos juntos.

Me siento muy feliz cuando en ese momento puedo entrar en la clase, sentarme con ellos, mirarles y sujetar a alguno de los pequeños que se apoya en mí para levantarse. Todos en calma, hace poquito que se han levantado de la siesta algunos, y otros siguen en ello . Los que siguen durmiendo serán despertados por sus padres o cuidadores que pueden entrar hasta las cunitas, como si estuvieran en casa.

Nacho a veces viene corriendo con los brazos en alto y otras veces se queda con Araceli sentado, sonriendo, o sigue jugando dentro de una caja de cartón con su compañera Claudia o concentrado en el ruido que hace arrastrar una tapa de paté la piara por el suelo. No tiene prisa, porque está como en casa.

Cuando ya está en mis brazos y nos vamos, Nacho a veces se despide acercando su cabecita a la de Araceli, rozando las mejillas con una sonrisa en la cara y los ojillos medio cerrados del gusto.

Salimos al pasillo para irnos y pasamos por cuerdas, tubos, guirnaldas de tapones reciclados, suaves gasas y telas colgadas que nos rozan al pasar. Pizarras a la altura de los niños con tizas de colores para pintar y cajas con libros para que nadie se olvide de llevarse uno a casa, un rincón de lectura y a veces un dulzón olor a incienso. A la salida siempre nos despiden Belén y María, directora y secretaria del centro, que saben el nombre de todos los niños, que besan y abrazan a todos los que se dejan y que intercambian palabras con los papás a los que también conocen.

El ambiente en la escuela infantil es de ternura, respeto hacia los niños y las familias, y esto es lo normal, pero yo lo disfruto tanto porque en “la otra escuela”, a la que asistió Candela (3 años), muy pocas cosas eran normales: a pesar de algunos de sus profes, cariñosísimos (Maite, Natalia, Lidia, Raul) el centro estaba más interesado en el negocio que en el bienestar de los pequeños. Ahora puedo decir que toda la incertidumbre que hemos podido sentir por el cambio ha merecido la pena.

Hoy es carnaval y mi marido está en Achalay con Nacho, van a hacer un pasacalles con los peques disfrazados en el que se pide a las familias que participen si pueden, lo normal. Me envía fotos por wsp con cuidado de no sacar en ellas a otros niños, lo normal. También se ha llevado a Malcolm (nuestro perro), lo normal.

Que importante es sentir que dejas a tu hijos en buenas manos, y que tranquila está una cuando las piezas del puzle empiezan a encajar.