¿Por qué soy asesora de lactancia?

Hace tiempo que terminé la formación de asesoras de lactancia Edulacta, y os lo quería contar en el blog con alguna historia bonita sobre la lactancia de mis peques.  Pero creo que ya hay muchas de estas historias escritas que a veces pueden llevar a confusión.

Dar el pecho a mis hijos es amor, entrega, apego, contacto, calma, confianza, respeto, escucha, caricias, miradas, besos, suspiros, descanso y dormir. Todo esto es genial, pero no ha sido un camino de rosas, dando el pecho también he sentido y sufrido, calor, cansancio, prisas, pérdida de autonomía, agobio, sueño, falta de confianza, dudas, críticas, malos consejos, molestias, dolor, tristeza y soledad.

Para todo lo “regular” he ido poniendo remedio, he buscado la información que no tenía y acudido a personas que me han ido ayudando, siempre con el mismo mantra: “si esto me hace y nos hace sentir bien, no puede ser tan difícil, tiene que haber solución” y efectivamente la había, siempre más fácil de lo que parecía. El apoyo de mi marido y la ESCUCHA a mi misma y a mis hijos han sido fundamentales. También ser “muy cabezota” ha ayudado :-).

Así que algo que te hace sentir tantas cosas no puede ser ni fácil ni algo que no requiera esfuerzo o dedicación. Cada vez menos, pero todavía hay mucha falta de información, muchos profesionales insuficientemente formados, y mucha herencia familiar de madres, suegras, cuñadas y vecinas mal asesoradas. Así no es fácil dar la teta a gusto, hacen falta muchas asesoras de lactancia y grupos de apoyo, ojalá llegue el día en que no hagamos falta y podamos trasmitir toda esta información de forma natural de madres a hijas y estemos todas y todos para apoyarnos y que QUIEN QUIERA, PUEDA.

Gracias hijos por este regalo y por descubrirme un mundo que ni en sueños imaginaba.

¿Estás embarazada y tienes pensado dar el pecho a tu bebé?¿Estás dando el pecho y tienes alguna dificultad, física o emocional? Si necesitas ayuda no estás sola, me gustaría ayudarte.

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No me gusta “el monstruo de colores”.

En el cole de Candela tienen muy buenas intenciones respecto al tratamiento de las emociones en educación infantil. La teoría es prestar atención a las mismas, y ayudar a los peques a identificarlas y expresarlas. Para ello siguen una guía de educación emocional y se apoyan en libros como “El monstruo de colores”.

El año pasado ya les leyeron el cuento e hicieron con una mamá un taller con palitos de colores, y este año continuando con el tema, llevan a casa un libro con cada una de las emociones del libro, en el que cada niño tienen que poner fotos, dibujos o lo que quieran sobre las cosas que les dan miedo, las cosas que les enfadan, etc.

Ya en su momento, no me gustaba que les hicieran identificar los sentimientos con colores. Pero además estas navidades alguien, con toda su buena intención, nos regaló el libro y pude confirmar que NO ME GUSTA EN ABSOLUTO por los siguientes motivos:

  • Como ya he comentado, no veo la necesidad de hacerles identificar los sentimientos con colores, me parece que con ello les limitamos la creatividad y el placer de utilizarlos, dibujar y expresarse con libertad ya desde pequeños. ¿Por qué el negro es miedo o el rojo enfado?.
  • Cuando llegamos al monstruo negro, que es el del MIEDO, el texto del cuento dice literalmente: “El miedo es cobarde. Se esconde y huye como un ladrón en la oscuridad”. ¿No os “chirría” esta frase?, ¿De verdad queremos enseñarle eso a nuestros hijos? ¿O hacerles sentir que tener miedo es cobarde?.

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  • Además de lo anterior, la niña me parece que trata al monstruo con poco respeto. Justo al empezar, cuando el monstruo está hecho un lío con sus emociones le dice enfadada “Ya te has vuelto a liar? No aprenderás nunca ….” ¿No aprenderás nunca?. Negación, enfado, reproche, esta frase lo tiene todo.

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Así que no veo “el monstruo de colores” como un libro de referencia, y no entiendo que sea un recurso tan utilizado para “enseñar” sentimientos. Sobre todo partiendo de la idea de que me parece a mi que los sentimientos no se enseñan, se viven y se acompañan.

No he investigado mucho, pero para momentos puntuales me gustaría encontrar algunos cuentos que hablen de emociones, tal cual, sin adornos, con ejemplos reales que puedan vivir los niños. ¿Conocéis alguno?

 

Otro año sin calendario de adviento.

Me encantan los calendarios de adviento, los bonitos, los hechos en casa, llenos de actividades chulísimas, esos que veo en facebook y en blogs. Pero hijos, aquí en casa vivimos al día, no somos capaces a veces de organizar adecuadamente la semana, cuanto menos casi un mes entero de planificación.

Os recojo en el cole y muchos días no llegamos a casa antes de que sea de noche, vamos al parque porque sobre todo tú Candela necesitas correr libre, montáis en bici en el parking del cole, vemos juntos a las niñas de patinaje, bailamos y hacemos algún recado. Llegamos a casa, jugáis y os peleáis (“ya no soy tu hermana”) para al rato abrazaros y quereros con locura (“me voy a casar con Nacho y vamos a vivir todos juntos, tenemos que buscar una casa más grande”). Hacemos la cena y ya.

Este va a ser otro año sin calendario de adviento, hacemos las cosas cuando podemos y tenemos un ratito, hemos hecho el disfraz de Candela, unos adornos preciosos para las profes y galletas para regalar. No sin esfuerzo porque el cansancio y la paciencia me pueden a veces, y porque cualquier actividad con niños de edades tan distintas de momento se hace complicada. Pero todo merece la pena, me estoy acordando del día que Nacho tiró todos los fideos de colores por el suelo, me enfadé mucho y os hablé fatal, os cogisteis de las manitas y os mirasteis, sabiendo que os vais a tener para siempre. También tengo en mente vuestras caras cuando entregáis un regalo, resulta que os gusta casi tanto hacerlos como recibirlos.

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Os encanta la Navidad, todas las noches encendemos las luces del árbol y de la terraza y cantamos los villancicos del cuento que os han dejado los primos, “Rrratatumba” es la preferida. Candela nos pregunta si los Reyes Magos la vigilan porque se lo han dicho en el cole y que si tiene que portarse bien para recibir regalos. “No, todo eso es mentira, lo dicen algunos adultos para que hagáis lo que ellos quieren.” respondemos nosotros. “Claro, porque eso es chantaje y no está bien” nos dice de nuevo. :-). Estás madurando mucho y ya entiendes bastante esta forma nuestra de hacer las cosas, lo que hace que todo sea más fácil.

Las Navidades vuelven a ser magia gracias a vosotros.

Desescolarización veraniega.

Los primeros días de vacaciones de Candela han sido un poco duros, ha pasado de estar 7 horas al día “dirigida” en el cole, a disponer de ese tiempo para sus propios intereses. Ha pasado de no poder elegir nunca sus actividades, a poder hacer lo que quiera, a escucharse y hacer lo que le pide el cuerpo. Ha pasado de tener que obedecer continuamente, a poder reconocer y expresar sus sentimientos, negociar y tratar de respetar. Todo esto, junto con seguir las rutinas de casa y entretenerse sola gran parte del tiempo, no está siendo fácil.

En un primer momento nos asustamos un poco, y yo que estaba leyendo cosas sobre la desescolarización, había escuchado decir que “por cada año de escolarización se necesita un mes de desintoxicación”, ¡Madre mía, vamos a estar así casi la mitad de las vacaciones!. Afortunadamente a partir de los primeros días la evolución y adaptación a la nueva situación ha sido muy favorable, yo llevo varios días sin escuchar eso de “me aburro”, como si fuéramos nosotros los encargados de proporcionarle entretenimiento continuamente. También los niños son muy listos y supongo que se le habrán quitado las ganas después de llevar varios días escuchando respuestas del tipo: “Qué bien hija, no sabes lo mucho que me alegro, es muy sano aburrirse, ya lo verás” o “Estupendo, aprovecha que el resto del año no tendrás tanta suerte” que son las versiones modernas y empáticas del “pues cómprate un mono” que me decían a mi de pequeña.

Desescolarizar no implica necesariamente plantearse sacar a los niños del cole, hacer homeschooling o unschooling. Son muy interesantes los talleres de Laura Mascaró para todo tipo de público, en los que se plantea la desescolarización interna como un proceso de poner cada cosa en su lugar, desmitificar la escuela tradicional, su necesidad, quitarnos complejos y presiones y relajarnos para ver el aprendizaje como algo natural, espontáneo divertido y enriquecedor. Porque hoy en día, en el mundo que vivimos no creo que nadie piense que un niño no es capaz de adquirir conocimientos y desarrollar sus intereses sin ir a la escuela. Porque hoy en día con el acceso a la información del que disponemos, ni la escuela ni el colegio son fuentes de sabiduría, ningún profesor puede saber todo lo relacionado con una materia, que alguien no pueda encontrar por sus propios medios. Y porque sabemos que todo lo que se estudia en primaria, alguien con la madurez suficiente es capaz de aprenderlo en tan solo año y medio.

Entonces a menudo me pregunto si necesitan mis hijos asistir a la escuela, y la respuesta siempre es NO, no lo NECESITAN en absoluto. Les puede venir bien en algunos aspectos y es la mejor opción a nuestro alcance para “conciliar” (ja,ja y ja, perdón pero me da la risa siempre que escribo o escucho esa palabra). Pero siempre teniendo presente que el aprendizaje importante es el que viven en casa y el de las propias experiencias que vayan teniendo. Aunque no esté 100% de acuerdo, el siguiente post sobre los 33 daños colaterales de escolarizar a tu hijo me gusta mucho como guía de observación de padres, porque son algunos de los efectos no deseados que se pueden dar y que conociéndolos se pueden intentar reconducir.

Así que el verano es una oportunidad perfecta para desescolarizarse, y hacer lo que niños tan pequeños deberían poder hacer todo el año: levantarse cuando quieran y observar tranquilamente la obra que hay frente a su casa, como en la foto. Este verano nuestros pequeños están en casa aburriéndose como ostras, no pueden estar mejor porque este año están con papá, que aunque sabe lo duro que se hace a veces, también sabe que llegará un momento en que lo echará de menos. Me mandan una foto en la que Candela ha aprendido a dormir a su hermano, llena de orgullo. Y cuando llego a casa me cuentan todas las novedades: “Hay una grúa y están haciendo un agujero para el garaje”,”Y hemos discutido y mi hermano me ha tirado del pelo, pero ya lo hemos arreglado”,”Jugamos? Tú eres la hija y yo soy la mamá” o “Jugamos? Yo soy el dragón y tú la princesa”.