¿Harás huelga feminista el 8M?

Hubo un tiempo en que yo vivía en los mundos de Yupi: licenciada, con un trabajo “bien” remunerado, pareja, casa, coche e independencia. Entonces pensaba que aquello del feminismo era algo del pasado, y que yo no era feminista, sino que creía en la igualdad. Entonces me quedé en el paro y perdí la cuenta de las veces que me preguntaron en las entrevistas de trabajo si pensaba tener hijos, y ese fue mi primer golpe de realidad respecto a las injusticias que podemos llegar a sufrir las mujeres simplemente por ser.

Después, hace casi 6 años fui madre por primera vez, y aunque al principio no sabía ponerle nombre a esa forma de criar nuestra, ya estaba inmersa en la senda de la crianza con apego, consciente y respetuosa. Entonces me declaré ANTIfeminista, porque me daban ganas de vomitar cada vez que alguna feminista cargaba contra madres que elegían quedarse en casa a criar a sus hijos o criticaban a madres que daban el pecho porque lo que había que hacer era quitarle el pecho al bebé para que el padre pudiera darle biberones en pro de la “igualdad” y así la mamá pudiera incorporarse al mundo laboral lo antes posible. No me entraba ni me entra en la cabeza que para ser feministas tuviéramos que deshumanizarnos de esa manera, olvidarnos de nuestra naturaleza y de nuestro instinto y sobre todo dejar de lado las necesidades de nuestras crías. Y además me horrorizaba y sigue horrorizando que para ser feministas tengamos que dejar de ser mujeres y convertirnos en máquinas de producir al servicio del sistema, que lo que no quiere son personas íntegras, ni capaces ni libres, ni conscientes, simplemente productivas. Perdí también la fe en las mujeres, lo que percibía en aquel momento era que la crianza se había convertido en una competición, en un cúmulo de mentiras, apariencias, críticas y juicios de unas sobre otras, en mujeres solas aparentando ser las mismas de siempre, cargando con todo, con los niños, con las casas y con sus vidas “intactas” tras sus maternidades, negando sus sentimientos y los de sus crías. Y me sentía muy sola.

Entonces me lancé al mundo virtual y encontré mujeres y madres con mis mismas inquietudes, mujeres conscientes y orgullosas de su naturaleza, mujeres ayudando a mujeres en su estilo de crianza fuera el que fuera, mujeres empáticas, atentas, instintivas, cuidadoras y sabias. También encontré mi tribu no virtual de mujeres poderosas, tan distintas todas pero con el objetivo común de mejorar el mundo a través de la educación, el amor y el respeto a nuestros hijos.

Y así fue como recuperé el orgullo de ser mujer y me abracé de nuevo al feminismo y me reconozco feminista hasta el último poro de mi piel. Aunque en algún momento me he podido sentir poco representada por este movimiento, somos tantas y tan diversas que es muy difícil que coincidamos en todo, y gente desagradable hay en todas partes y en todos los colectivos. Pero en lo básico, en nuestros derechos y libertades estamos todas de acuerdo. He leído el manifiesto feminista del 8M, han conseguido un manifiesto actual con mucha fuerza y que engloba muchas realidades feministas, no sólo las de las trabajadoras, y problemas que sufrimos todas, os dejo un extracto de las reivindicaciones:

  • “Exigimos también la despatologización de nuestras vidas, nuestras emociones, nuestras circunstancias: la medicalización responde a intereses de grandes empresas, no a nuestra salud. ¡Basta de considerar nuestros procesos de vida como enfermedades!”
  • “Exigimos ser protagonistas de nuestras vidas, de nuestra salud y de nuestros cuerpos, sin ningún tipo de presión estética. Nuestros cuerpos no son mercadería ni objeto, y por eso, también hacemos huelga de consumo. ¡Basta ya de ser utilizadas como reclamo!”
  • “La educación es la etapa principal en la que construimos nuestras identidades sexuales y de género y por ello las estudiantes, las maestras, la comunidad educativa y todo el movimiento feminista exigimos nuestro derecho a una educación pública, laica y feminista. Libre de valores heteropatriarcales desde los primeros tramos educativos, en los que las profesoras somos mayoría, hasta la universidad. Reivindicamos también nuestro derecho a una formación afectivo-sexual que nos enseñe en la diversidad, sin miedos, sin complejos, sin reducirnos a meros objetos y que no permita una sola agresión machista ni LGTBIfóbica en las aulas.”
  • “Pedimos la cotitularidad de las pensiones y que el tiempo dedicado a tareas de cuidado, o que hemos desarrollado en el campo, sea reconocido en el cálculo de las pensiones al igual que el trabajo laboral y luchamos  por  la ratificación del convenio 189 de la OIT que regula el trabajo doméstico.”

Además esta huelga no es sólo para nosotras que vivimos en el “privilegiado” primer mundo, la vida es terriblemente dura para las mujeres en otras culturas y todo este movimiento va también por ellas.

¿Voy a hacer huelga feminista el 8M?

Si, seguro que si, en la medida de mis posibilidades haré huelga el 8M para dar visibilidad al movimiento feminista. No faltaré al trabajo, pero haré huelga de consumo y huelga de cuidados y hablaré de todo esto en casa con mis hijos.  Seguiré esforzándome cada día para ofrecer a mis hijos una educación feminista que mejore las cosas en el futuro, y seguiré con la lucha diaria de la corresponsabilidad en el hogar y cuidados de la familia. Además de poner mi granito de arena con este post.

¿Y tú qué vas a hacer?

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Nueva etapa y confesiones.

Llevo desde el verano sin escribir, y lo último que había en el blog era un post de mi amiga Cristina que amablemente cubrió un hueco que yo no podía. Al final el blog se ha convertido en un espacio de confesiones y relatos personales, y cuando tengo mis sentidos puestos en otros asuntos, resulta que no me sale escribir.

¿Y qué ha sido eso que me tenía “secuestrada”?

Llevamos casi 6 años de muchos cambios en la familia, desde que nació Candela todo se nos ha dado la vuelta, y puesto del derecho y del revés varias veces, ABSOLUTAMENTE TODO. No somos ni la sombra de lo que éramos en casi ningún aspecto de nuestra vida. Con cada nacimiento de nuestros hijos los adultos también hemos vuelto a nacer y los cambios y adaptaciones, están siendo constantes. ¿Está siendo duro? Si mucho, pero nos está haciendo más fuertes, CONSCIENTES y LIBRES. Por el camino hemos abandonado aquello que no nos gusta, nos estamos afianzando en las cosas que nos hacen felices y vamos creando nuevas relaciones y caminos que nos iluminan y aportan calor.

Os cuento todo esto porque creo que justo ahora, después de este recorrido maravilloso, por fin parece que me encuentro en un periodo de calma, y en un momento de consciencia suficiente, sin dudas, de la que sale sola, sin forzar, que me está permitiendo descansar. Ya no estoy en esa búsqueda constante de información que apoyara todo aquello que nuestra familia estaba viviendo respecto a la crianza, ya no lucho contra corriente, ni me defiendo, ni doy explicaciones. Simplemente actúo como me parece y disfruto de ello. Y en gran parte todo está empezando a encajar gracias al nuevo colegio de mis hijos. Desde que el año pasado tomamos la decisión del cambio, hasta ahora que estamos terminando con la adaptación de Nacho, este ha sido el centro de mi foco tanto a nivel físico como emocional, nuestro gran “proyecto” que no me estaba permitiendo dedicar tiempo a lo demás.

Quizá penséis que estoy siendo un poco exagerada y que un cambio de cole tampoco es para tanto. Efectivamente no lo sería si el nuevo cole no fuera uno de esos que ahora llaman escuelas, activas/libres, en el que los niños “no hacen nada más que jugar”. No sería para tanto si no fuese este el segundo cambio de colegio y no estuviéramos ya con pocas ganas de equivocarnos de nuevo. No lo sería, si no dejáramos atrás plaza asegurada para los dos peques en la escuela pública más guay de nuestro municipio. No lo sería si la nueva escuela no estuviera a 17km de nuestra casa. Y tampoco lo sería si, por desgracia, no fuera una escuela privada, para la que hemos tenido y tenemos que echar muchos números. Estos meses hemos tenido que lidiar con todo esto, con nuestras propias dudas, con las dudas y comentarios de los demás, y con los gestos de los que ya nos dan por perdidos y prefieren no interesarse.

¿Algo más que confesar?

Si. No tengo clara la deriva que ha de tomar “fincolorado”. El blog ha traído cosas maravillosas a mi vida: Me ha servido de terapia, he dado a conocer mi punto de vista respecto la crianza a mi entorno, con él he ordenado mis ideas, me he empezado a expresar mejor y en consecuencia me han entendido mejor. También gracias al blog he conocido un grupo de madres estupendas con las que me siento arropada, un verdadero grupo de apoyo sin juicios. Por cierto, siempre lo recomiendo, si tu entorno no entiende tu forma de criar, escribe un blog, cuando planteas tus ideas desde el corazón, la vida se torna más amable.

Pero también me he sentido juzgada a veces. En principio empiezas a escribir con mucho cariño para que te lea tu entorno cercano, e ingenuamente piensas que nadie va a juzgarte por expresar tus ideas …… esperando que la gente sea respetuosa, pero resulta que no es así. Y un día tienes una conversación con alguien que nunca te ha dicho que te haya leído, pero utiliza frases exactas de tu blog en tu contra, pero por supuesto sin haber entendido absolutamente nada, sólo intentando tergiversar a su favor. Me ha pasado sólo en dos ocasiones, pero la sensación ha sido repugnante, como si alguien lee tu diario personal y te echa cosas en cara.

Así que ya me queda claro, que este formato lo lee tanto gente bonita a quien le gusta o no lo que cuento, pero opina y comenta desde el respeto, como gente que por mucho que lea no entiende nada de nada. Este es el otro motivo de mi “parón literario”, porque en el blog cuento mi experiencia con la crianza, pero por extensión están incluidos algunos fragmentos chiquititos de la vida de mis hijos y aunque a mi no se me ocurre de que manera puede ser mal utilizada esta información, con la experiencia que os he contado antes, ya me queda claro que hay gente con la cabeza llena de serrín. Si me pasa esto a mi, no quiero ni pensar por lo que pueden pasar otras mamis que tienen blogs grandes, de los de verdad.

Toma ya! No está mal el post para no querer contar cosas personales, eh?

Así que Tranquilos miles y miles de fans (tía Merce y mi hermana), que no abandono, sólo tengo que ver la manera de contar las cosas de forma que me haga sentir bien. Este post de confesiones es el punto de partida para una etapa nueva, a ver si ahora me acompaña la constancia. 🙂

 

 

 

TBL: Como fomentar el pensamiento crítico o creativo. Versión subjetiva.

Hace unos meses mi amiga Cristina Albarrán os escribía en el blog sobre una charla a la que asistió sobre el TBL (Thinking Based Learning) impartida por el Dr. Robert Swartz en el colegio CEU de Montepríncipe (Boadilla). En aquel post exponía la versión objetiva de la charla, y ahora os dejo la versión subjetiva, con sus impresiones personales. Un lujazo, disfrutadlo!:

Aquí escribo de nuevo pero esta vez quiero dar la versión más subjetiva de la charla, de la sensación personal que me dejó el entorno y cómo sentí el modo de plantear la educación por parte de CEU y de la sensación general de que las cosas van a ir cambiando porque muchos profesionales y muchas familias quieren que vayan cambiando, ¿Hacia dónde y cómo es lo que hay que tratar con mimo y ojalá se pueda lograr un consenso entre todos que suponga una mejora para nuestros peques?

Personalmente empecé con una actitud bastante crítica porque ya sólo el título de la charla me hizo dudar que se ajustara a mi experiencia, a la forma en la que veo la infancia, la crianza y la educación de los peques (os recuerdo el título ¿Cómo trabajar las destrezas del pensamiento en casa? La importancia de enseñar a pensar desde edades tempranas). Me chocaba el hecho de “enseñar a pensar” pero conseguí abstraerme de mis prejuicios y comencé a escuchar la presentación que dieron al Dr. Robert Swartz que es mentor del CEU Monteprincipe para implantar el TBL en las aulas.

Sinceramente, valoro mucho los esfuerzos que se hacen por seguir avanzando en educación, por implementar cosas nuevas, porque el sistema no sea un dinosaurio anclado en el pasado. Hablaron de las aulas de liderazgo, de trabajar la educación emocional en las aulas, de la psicomotricidad pero todo eso me dio la sensación estaba dirigido siempre a sacar lo mejor, a llegar a lo más alto, a ser el o lo mejor, a convertirse en “águila y no ser gallina de corral” (frase literal que dijo alguien del CEU). Personalmente esa forma de enfocar la educación me da escalofríos, orientada a ser mejor, llegar a lo más alto, me da por pensar que son objetivos que vienen impuestos porque ¿Quién decide que es mejor? ¿Quién decide donde está el punto más alto? Y sobre todo ¿Qué pasa si no todos llegan a esos puntos altos? Quiero pensar que se refieren al máximo desarrollo de cada persona, de cada habilidad individual, a reconocer y potenciar las habilidades que a cada uno nos hace diferentes, a ayudarnos a desarrollar nuestros propios objetivos, los objetivos que voluntariamente nos ponemos cada uno y especialmente en la niñez, pero creo que eso aún está lejos, a no ser que se cambien los criterios y las formas evaluadoras.

En mi experiencia como mamá de dos peques he visto que sus logros son hipercelebrados por ellos mismos cuando son sus propios deseos los que les impulsan a querer lograrlos, que sienten algo maravilloso cuando consiguen algo que ellos mismos se lo plantean como reto porque quieren hacerlo, por ejemplo ponerse de pie cuando aún no saben andar, hacer pompas de jabón, pinchar un trozo de comida, conseguir pronunciar una palabra tal y como ellos pueden y que tú les entiendas, y otro largo conjunto de cosas que van aprendiendo poco a poco y cuyo motor principal son ellos mismos. Y luego convertimos en las escuelas, o en casa, que su motor sea complacer al profesor, al adulto, y conseguir lo que te dicen que tienes que conseguir, olvidándote de cuáles son tus motivaciones internas.

Ya escuchando al protagonista de la charla me encantó su forma lógica de ir orientando las ideas, de ir desarrollando el discurso lógico de la charla para que entendiéramos el objetivo final del TBL (Thinking Based Learning), pero no quita que me fueran surgiendo dudas respecto algunos puntos.

Genial la idea de que todos tenemos la capacidad de pensar y que se basa en la experiencia e información almacenada, por eso tiene que ser muy estimulante escuchar en un aula o grupo las ideas diferentes que surgen, ideas que pueden ser muy diferentes en función de la heterogeneidad del grupo. Esto creo hace crecer la autoestima del individuo al sentir confianza para presentar sus ideas sin sentirse juzgado, sin avergonzarse porque sean buenas o malas porque nadie las va a juzgar, sólo se exponen, se trabajan las consecuencias y todos pueden elegir la que consideran mejor. Ayuda a no aferrarse a una idea propia simplemente por ser propia y por ser la tuya, estimula que se escuche a los otros y que seamos capaces de moldear nuestras ideas iniciales, o no, según cómo vayan saliendo las cosas. Sin embargo, tengo mis dudas de cómo debe ser el papel del “profesor” o “guía”, ¿qué ocurre si el profesor no es capaz de librarse de su capacidad juzgadora, de su propia experiencia para saber o dirigir si algo será mejor o peor decisión? Me preocupa la idea de un entrenador que guíe demasiado, que realmente no estimule, no promueva la diferencia de pensamiento, sino que se convierta en muy capador, que sólo se preocupe en que se encuentre un camino correcto, el que funcione, el que el entrenador considere el correcto, el más beneficioso y de nuevo volvamos al mismo sistema de pocas ideas creativas porque no le gustan al profesor.

Valoro la técnica del TBL por dejar que fluyan las ideas, sean cuales sean y esto me remite a la educación o crianza más inicial, cuando ni siquiera nuestros peques ni hablan ni andan, a cuando empiezan a manipular cosas y nos esforzamos en decirles cómo deben encajar las piezas de un puzzle, cómo deben comer con cuchara, qué colores usar, cómo usar el lápiz, cómo subir escaleras, por donde pueden o no pueden ir porque pueden caerse…es en esos puntos donde ya les estamos bloqueando la confianza y su capacidad creativa, su capacidad investigadora, les bloqueamos que puedan encontrar soluciones satisfactorias por y para ellos mismos.

En definitiva, encontré el punto de porque me chirriaba el título y la frase “enseñar a pensar”. Pensamos desde muy pequeños, somos creativos desde que manipulamos, cada peque tiene un motor interno que le estimula a hacer las cosas que desea y busca soluciones a sus problemas bien experimentando cosas nuevas, que pueden funcionar o no funcionar, o usando su experiencia previa, que debido a la juventud es pequeña pero muy intensa. Así que su entorno, buscando siempre lo mejor para ellos, nos esforzamos en darle soluciones casi de antemano, sin que lo necesiten, para que consigan su objetivo, para que no se equivoquen, para que la frustración y el enfado que conlleva no aparezca en sus caritas…y esto hace que le comencemos a bloquear su propia capacidad creativa, a que empiecen a necesitar de forma mas o menos intensa un guía mas o menos estricto, comienzan a perder la libertad para experimentar con confianza y ese es el punto donde me chirria lo de enseñar a pensar…¡Claro! Les tenemos que enseñar a pensar de modo crítico y creativo porque se lo hemos bloqueado anteriormente.

Así que manos a la obra, dejémosles experimentar, crear, que se equivoquen, que acierten, que inventen, acompañémosles en sus ideas locas (locas para nosotros porque basados en nuestra experiencia intuimos que algunas pueden no funcionar) pero ellos van adaptando su creatividad a sus experiencias y su imaginación a la realidad.

Dejémosles que pinten soles verdes y pájaros sin alas, que bailen y salten, que suban donde quieran subir o bajen donde quieran bajar, experimentar y equivocarse puede ser muy frustante pero igualmente estimulante cuando consigues algo en lo que crees y que has conseguido por ti mismo…acompañémosles y velemos por su seguridad, proporcionémosles materiales y espacio.

Ya para terminar remarco mi preocupación por siempre perseguir lo mejor, que la educación vaya dirigida a lo mejor, me encantaría dirigirla hacia la diversidad, hacia lo apropiado, hacia lo más conveniente en cada caso, para mí la palabra mejor lleva algunas connotaciones negativas, pero eso es para mí.

Algo que pienso hacer después de aprender sobre TBL es implicar más a mis peques en las decisiones de casa, ajustadas a su edad, desde elegir el desayuno o cena, o qué hacer en los días festivos. Dejarles más libertad cuando ellos se enfrenten a un problema, observarles e intentar no darles mis soluciones, animarles a seguir intentándolo, a responderles con preguntas cuando ellos me hagan preguntas para que ellos discurran y lleguen a sus ideas, ayudarles para buscar información sin que yo sea la fuente proveedora de información, a dejarles que se equivoquen y valorar que el error nos ayuda a aprender. Lo difícil será que no todo el entorno rema en la misma dirección, en casa lo haremos como juego. Y especialmente me ha gustado dejar los libros a mitad para pensar qué cosas podrían ocurrir, qué decisiones pueden tomar los protagonistas, qué consecuencias puede tener cada decisión y todo eso jugando, sin obligar, sin imponer, jugar a imaginar y pensar.

Pues de nuevo me he extendido una barbaridad.

Gracias de nuevo.

Cristina.

https://www.facebook.com/cristina.albarran.1?fref=ts

No les corrijas cuando hablan.

Este blog se llama “fincolorado” precisamente porque empecé a escribirlo cuando Candela estaba dejando ese momento de expresarse como le parecía, y ella siempre terminaba los cuentos de esa manera. Cuando al poco de comenzar el blog, dejó de decirlo y empezó a decir “colorín colorado”, me dio mucha nostalgia, pero también orgullo por ella y la satisfacción de saber que lo estábamos haciendo bien, que a pesar de no corregirla nunca, no iba a estar toda la vida hablando con esa lengua de trapo. Ojo, que a mi no me hubiera importado en absoluto, porque me parece precioso, pero sabía que era algo tan bonito como efímero. Nunca la hemos corregido al hablar, y os aseguro que ha conseguido expresarse perfectamente, desde muy pequeña. Eso sí, hablamos mucho con ella, leemos muchos cuentos, cantamos, vemos películas y pasamos mucho tiempo juntos.

Así que si alguien que me lea está en esa fase y tiene dudas, porque su madre le dice que hay que corregir a los niños al hablar, porque la vecina comenta que sino como van a aprender, que tiene una prima que dice “¡Qué barbaridad qué mal habla este niño!”. Os voy a dar mis motivos para no corregirles, e invitar a las personas de nuestro entorno a que hagan lo mismo:

  • No les corrijas al hablar, no hay nada más feo y poco respetuoso que corregir a alguien cuando te está hablando o interrumpirle constantemente, el mensaje que transmites es que para ti no es importante lo que te están contando, que no les escuchas, que no te importa, y que de una historia preciosa lo único que te preocupa es enseñarle a decir “dicho” en lugar de “dicio”. Esto mina su autoestima, su ilusión y lo normal cuando te interrumpen al hablar o te corrigen es que pierdas el hilo de lo que estabas diciendo, y que no te apetezca continuar.
  • No les corrijas al hablar, porque te está contando algo importante para él, porque lo dice de la mejor manera que puede, porque hace unos meses no sabía hablar y ahora está feliz de poder contarte una historia, de comunicarse contigo de esta nueva forma. Está aprendiendo, y se aprende escuchando y hablando.
  • No les corrijas al hablar, cuando te hablen escucha y préstales atención, porque les brillarán los ojos, porque se les iluminará la cara y hablarán todavía más, sin parar, y aprenderán más si cabe, sintiéndose escuchados además de respetados, queridos y con confianza.
  • No les corrijas al hablar, pero por supuesto no les compares con otros niños, ni les digas que no saben hablar, ni que mal hablan. Tampoco permitas que otros se lo digan. A veces no se pueden evitar algunas situaciones, pero yo en estos casos lo he resuelto diciendo “habla precioso, a mi me encanta, por favor deja que te cuente sin interrumpirle, que para él es importante”. De verdad es un proceso precioso, relájate, háblales bien y disfruta de ello que va a durar muy poco.

Nacho está ahora en esa fase de entender y hablar de todo, pero a su manera, y a nosotros nos encanta. Cuando nos dice “yo so mayor”, cuando me dice “eeesa camiseta de pinssssesa?” o cuando encuentra un colgante y yo ingenua le pregunto:

– “Qué es eso, una moneda?”. Y él me contesta con los ojos llenos de intriga e ilusión:

– “Nooooo, e un sssesssoro”.

– “Ahhhh, ¿Me lo quieres enseñar?”. Y entonces su cara se ilumina y la conversación continúa.

¿Alguien sería capaz de romper la magia del momento diciendo, “No se dice sesoro, se dice teroso, TEE-SOO-RO”?. Espero que no, y si todavía no has conseguido librarte del adultocentrismo, y no confías en el poder intrínseco de los niños para aprender desde el amor y la confianza, como mucho podrías decirle sutilmente lo siguiente:

– “Ahhhh, un tesoro. ¿Me lo quieres enseñar?”.

Pero la escasa experiencia me dice que ni siquiera esto es necesario. Hablarán, y si les hablas bien, hablarán bien. Y si lees y les lees, leerán. Y si les respetas, respetarán. Y seguirán su camino con la confianza intacta.

Para resumir, hay una frase que me gusta mucho y que no recuerdo donde la he escuchado, pero que es perfecta para cualquier situación: Todo lo que quieras que hagan tus hijos, HAZ. Si quieres que hable, habla y no le corrijas por favor.