Escuela libre Alavida

La primera vez que contacté con Alavida fue por teléfono, yo hacía poco que era consciente de que hay profesores capaces de romperle un dibujo a un niño de 3 años, eso que has leído en alguna parte pero que te crees que es una excepción. Así que cuando al teléfono me atendió alguien tan amable como Ángel, que me escuchó y explicó el proyecto con tanta pasión, un nudo se me hizo en la garganta y supe que teníamos que ir a uno de sus días de campo.

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Efectivamente no me equivocaba, quizá el exterior no es tan mágico como el de otras escuelas que hemos visitado, porque no hay tanta vegetación y probablemente porque llevan poco tiempo en Chapinería. Pero igualmente es muy atractivo para los niños, no faltan los areneros, cuerdas en los árboles, una divertidísima montaña de arena con tubería para tirarse por ella y muchísimo espacio. Los espacios interiores también me cautivaron, es una casa de dos plantas muy grande, la inferior para niños de 3 a 6 y la superior para los de 6 a 12. Hay muchísima luz natural y una cantidad ingente de materiales, montessori por todas partes pero también materiales manipulativos propios, fruto de más de 15 años de trabajo y experiencia, todo perfectamente ordenado en estanterías accesibles.

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También hay zonas de descanso, de lectura, de juegos, de manualidades, aula de inglés, espacio de música y teatro, cocina de experimentos, de todo. El ambiente que se respira es hogareño, para los niños debe ser su segunda casa, pueden moverse libremente por todas partes y elegir que hacer, además pueden salir al exterior cuando quieran. “Primaria” nos la enseñó Bea, una de las fundadoras de Alavida, a quien le brillan los ojos de ilusión cuando te explica lo maravilloso que es que un niño aprenda a sumar solo, simplemente manipulando materiales y siendo acompañado, a su ritmo y de forma respetuosa.

Nos hubiera encantado quedarnos a la charla de Tinus Wijnakker, fundador también de Alavida, pero un día entero de campo con dos niños pequeños que necesitan dormir siesta y que no lo hacen en cualquier sitio, es demasiado tiempo para nosotros. Así que después del rico arrocito que nos prepararon y comimos al sol, nos fuimos a casa. Pero he encontrado unos videos en youtube en los que Tinus habla de Alavida y que merece la penar ver, o al menos escuchar:

 

En Alavida el aprendizaje surge de los niños y los adultos les acompañan en el proceso proporcionando amor incondicional, ambientes preparados y relajados, seguridad y ritmos. Para acompañar hay que “estar” sin intervenir cuando no es necesario, y requiere “desaprender”, observar, tener en cuenta al niño y confiar plenamente en sus capacidades.

En Alavida no se juzga, no se compara, no hay expectativas ni valoraciones, cada uno tiene su ritmo, aprenden a través de la experiencia y las emociones. No hay niños malos, ni en momentos conflictivos, los niños pueden tener un malestar y expresarlo sin molestar a nadie, se respetan todos los sentimientos. Lo que los niños aprenden básicamente en Alavida es a ser una parte activa de su vida, más que poner constantemente su vida al juicio de los demás.

Una de nuestras preocupaciones sobre este tipo de escuelas era si los niños que asisten a estos espacios luego son capaces de enfrentarse cómodamente a la realidad. Tinus lo explica en el tercer video, son niños respetuosos que conservan su curiosidad y gusto por aprender. Nuestra experiencia en el día de campo, cuando Candela jugó con ellos fue que son niños que viven tranquilos, que saben organizarse en el juego, que incluyen a los pequeños y les respetan, que se ayudan y que se lo pasan muy bien. Desde luego me sentí más a gusto que en un parque cualquiera en el que los niños se arrancan los juguetes de las manos, se pegan y los mayores pasan por encima de los pequeños ante la mirada pasiva de sus padres.

Ellos dicen “No enseñamos valores, se viven” y me parece que todo en Alavida es así, los sentimientos, los conocimientos, la convivencia y todo se vive en libertad y con respeto. Ojalá mis hijos pudieran disfrutar de este ambiente. Estamos en ello. Siempre me pregunto si seremos capaces de compensar nosotros en casa. También estamos en ello.