¡Lo que hay que oir en lactancias prolongadas!

Yo no se ni lo que es, ni lo que se entienden por lactancia prolongada. Habrá gente a quien le parezca que más de 6 meses es prolongada, o más de 1 año, no lo se, para mi en realidad ninguna lactancia es prolongada. En cualquier caso yo en este post me refiero a lactancia con niños que ya caminan, corren, hablan y que comen filetes y manzanas a bocados.

Llevo más de 5 años de lactancia ininterrumpida, como he comentado en post anteriores para mi es un privilegio habernos mantenido durante tanto tiempo, y aunque con algunas dificultades está siendo una experiencia maravillosa que facilita mucho nuestra forma de crianza. Después de todo este tiempo, para mi lo peor sin duda han sido los comentarios y malos consejos de profesionales sanitarios, porque entiendo que lo que deben hacer es ayudar y estar informados, y en demasiadas ocasiones ha sido todo lo contrario: Desde la enfermera que en el hospital recién dada a luz te recomienda que lleves al bebé al nido para descansar, o que le des un biberón para que se sacie más. Después está el otorrino que te dice que tienes que dejar de dar el pecho para poder tomar antibiótico. Y lo último fue una doctora que me regañó por dar el pecho a mi hijo de 2 años: “Te parecerá bonito!” me dijo con cara de asco y mucha mala leche, casi tanta como ignorancia. Todo esto siendo yo una persona cabezota y muy segura de mis intenciones con la lactancia, no quiero imaginarme como puede recibir este tipo de comentarios alguien con más dudas.

A parte de estas anécdotas, que en realidad en mi no han ocasionado más que un leve cabreo, nunca había recibido malos comentarios de nadie que no fuera sanitario. Alguna vez gente de confianza me ha dicho aquello de “¿Pero todavía toma teta?!” o “¿Y cuándo lo vais a dejar?!”, pero nada que me haya ofendido ni mucho menos. A la gente puede chocarle ver a un niño tan mayor tomando el pecho, no estamos acostumbrados, se sale de la norma, pero han sido siempre educados y respetuosos. Salvo hace unas semanas, en la piscina de mi casa:

Nacho (2 años y 5 meses) viene corriendo hacia mi, me dice “Quiero tetita!”, me lo pongo en mis brazos, le abrazo, acaricio la cabecita, le beso la frente, descubro levemente mi pecho y toma tetita agarrándome con las manos todavía rechonchas, como siempre hacemos. Entonces una señora que se sentaba cerca de nosotros y que evidentemente no había sido capaz de ver en toda esta escena nada de amor, dulzura y entrega, dice en alto: “¡Ay qué cosa, tan mayor y enganchado a la teta como un mono!”.

Yo en ese momento, con Nacho felizmente a la teta me ofendo mucho, me sonrojo, pero ni me giro a mirarla de la vergüenza ajena que me da el comentario, y por mi cabeza pasan los siguientes pensamientos: “¿Cómo un mono?. ¡Tengo que decirle algo a esta señora sobre su incontinencia verbal!. ¡Pero si lo peor no es que lo haya comentado, sino que lo piense!. ¡Hombre, pero podría ser un poco más educada!. Mala gente que camina y va apestando la tierra. Pasando de decir nada, si los niños ni la han escuchado. Pues eso, que mira Nacho que a gusto está, no le voy a apartar de la teta para contestarla, lo que me faltaba. Ya me desahogaré en el blog. Jajajaja si ahora me da hasta la risa. Que pena de ignorancia y mala gente. En fin, que no se ni lo que vamos a cenar esta noche …..”. En unos segundos pasé de la indignación al cabreo, del cabreo a la risa y de la risa a la indiferencia.

Creo que la persona que no es capaz de ver amor en una mamá amamantando a su hijo está enferma. Puedo entender cierto pudor, porque yo lo he tenido incluso sigo teniendo. Las tetas están tan sexualizadas en nuestra sociedad que por desgracia nos olvidamos de su verdadera función que es la de amamantar a nuestras crias. ¿Pero cómo puede incluso producirte rechazo, hasta el punto de hacer un comentario que puede ofender a una familia?. No lo entiendo, mis amigas de crianza me dijeron que todo esto puede ser fruto de la disonancia cognitiva, yo no soy psicóloga ni voy a analizarlo tanto, simplemente veo que hay mucha mala leche.

Por suerte, han sido casos aislados y simples anécdotas desagradables. Yo siempre me quedo con la duda de contestar, de responder educadamente, nunca lo he hecho, pero probablemente si me vuelve a pasar y mis hijos lo escuchan, contestaré, aunque no se si encontraré una fórmula educada, la verdad. Si os apetece contadme en comentarios si habéis vivido alguna experiencia parecida y como lo habéis resuelto.